Recuerdos.

Es ese olor.

Sí, definitivamente es el olor. El olor a césped mojado es el que me transporta a mi infancia, una época en la que todo era mucho más fácil. Una época en la que descubrí mi gran pasión: el fútbol.

He de reconocer que fue gracias a mi padre, que a su manera, es un gran apasionado de este deporte. No descubro nada nuevo en esto ya que la gran mayoría de los niños de mi generación asistían a esta especie de ritual que consagraba la relación padre-hijo, para mí esos momentos en los que veíamos el partido del Plus con una Coca-Cola eran la felicidad absoluta y los guardo como un auténtico tesoro. Otra cosa que tengo que agradecerle a mi padre, es que siempre me inculcó que este deporte se practicaba por diversión, no por obligación; llegó un día en que tuve que decirle que no me divertía jugando al fútbol, todavía hoy recuerdo su expresión de tristeza, pero rápidamente me miró y me dijo: “Sí lo que te hace feliz es jugar con tus amigos, yo me pondré de portero en vuestros partidos”.

Gracias papa.

Siempre se me ha dado muy bien practicar este deporte, pero a mí manera. No me gustaba que una persona me gritara tras la línea de banda, no me divertía, ese no era mi fútbol. Yo era feliz jugando con mis amigos, disfrutaba de la “pachanga” y de todo lo que la rodeaba. Comentar las jugadas, ver a tus amigos tras el verano o simplemente compartir una bolsa de golosinas.

Para mí el fútbol es mi niñez, es el campo de tierra o la pista del colegio donde jugábamos en los recreos con botes de Choleck, son las agendas repletas de alineaciones y las tardes de “pro”. En esa época todo giraba en torno a un balón y nosotros lo disfrutábamos. Creo que el cariño que le tengo a este deporte es en cierta manera porque gracias a él he vivido momentos maravillosos rodeado de personas a las que quiero; recuerdo cuándo, dónde y quién me acompañaba en cada partido importante que he visto. Y para mí eso es lo bonito, lo que rodea al fútbol, su trasfondo.

Evidentemente, en la actualidad me es muy difícil incluso organizar un partido. Ya sea por temas laborales, por incompatibilidad de agendas o simplemente porque ya no es ni de lejos una prioridad. Pero, como demuestran estas palabras, todavía sigo disfrutando de este deporte ya sea analizándolo, siguiéndolo o escribiéndolo por medio de este humilde blog.

Me he visto obligado conmigo mismo a crear esta primera entrada porque se la debía a ese niño que se bajaba a la cochera de su edificio con su padre y un balón ajado a compartir risas, momentos, futuras convocatorias nacionales y alguna que otro gol.

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