El verano que odié a Arsène Wenger.

Recuerdo aquel mes de Agosto del año 2011 en el que llegué a odiar a Arsène Wenger. A esas alturas de verano yo ya estaba harto de leer todos los periódicos deportivos que caían en mis manos y la aplicación de Twitter harta de mí por actualizarla cada diez segundos. La confirmación oficial no llegaba y yo ya me había resignado. “Quizás el año que viene le dejará volver”, pensaba cabreado. Pero no había manera, el entrenador francés no cumplía su promesa. Hasta que cayó en la cuenta de que era imposible apartar a Cesc Fàbregas de su destino, que era volver a jugar en el Barça.

Todavía me acuerdo de ese Lunes. Fàbregas se besaba el escudo del equipo de su vida, volvía el hijo pródigo, el que sería el guardián del modelo de juego culé en la próxima década… Esa era la idea y yo me frotaba las manos solo de pensarlo. Mi jugador ya formaba parte de su club, mi club. ¿Qué podía salir mal?

Cesc Fàbregas besando el escudo del FC Barcelona.
Cesc Fàbregas besando el escudo del FC Barcelona.

Cesc llegó a un Barcelona que enamoraba al mundo y que lo había ganado todo con Pep Guardiola en el banquillo culé. Y desde un principio se tuvo muy poca paciencia con el de Arenys de Mar. Se le exigió mucho en muy poco tiempo, el dorsal “4” pesa demasiado en Camp Barça. Había muchas esperanzas puestas en él y nunca llegó a encontrar su lugar. A pesar de las críticas sus números fueron excepcionales, durante sus tres temporadas disputó 151 partidos, anotó 42 goles y dio 46 asistencias. Pero no aquello no fue suficiente. Antes de llegar y después de irse el equipo lo ganó todo, yo estaba convencido de que Fàbregas marcaría una época en el FC Barcelona y todavía lo creo. Me jode, y mucho, que no fuera capaz de hacerlo. Aunque las cosas a veces, no son como uno se las imagina. Confieso que de vez en cuando me meto a Youtube para ver los mejores momentos de Cesc con la camiseta blaugrana, como para convencerme de que su paso por el FC Barcelona no fue producto de mi imaginación.

Fàbregas en su primer partido con el Barça.
Fàbregas en su primer partido con el Barça.

Ahora lo disfrutan en Stamford Bridge, por lo que mi corazón es un poquito blue. Como antaño fue gunner. Allí en Inglaterra es un símbolo. Envidio la capacidad que tienen en ese país para tratar a esta clase de jugadores. Cultura futbolística, que se llama. Aquí en España, tenemos mucho que aprender en este aspecto. Fue pieza clave en la época dorada de la Selección Española. Cuando aún era Cesc metió el gol que nos hizo creer que pasar de cuartos no era una quimera, tras esa Eurocopa de 2008 la mentalidad de la Selección siempre fue ganadora. Y dos años más tarde, siendo ya Fàbregas, le dio el balón a Andrés Iniesta para que metiera el gol de todos. El fútbol tiene muy poca memoria y al “10” de la Selección nunca se le ha reconocido su fútbol en nuestro país.

Cesc tras meter el penalti en la Euro 2008.
Cesc tras meter el penalti en la Euro 2008.

Mi objetivo no es definir o analizar el juego de Cesc Fàbregas, porque desde aquel Mundial sub-17 de Finlandia él se ha encargado de demostrar en el campo lo que es: un jugador diferente. Estoy convencido de que a sus 30 años, todavía tiene mucho fútbol en sus botas. Fútbol que lamentablemente yo no podré disfrutar de la manera que pensaba en aquel verano de 2011, cuando Wenger era mi peor pesadilla.

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