Andresico.

Debo confesar antes de empezar este escrito, que cuando Andrés Iniesta comenzó a brillar y a dar sus primeros pasos de baile sobre el césped del Camp Nou no me llamó la atención. Años después, cuando grité como un poseso el gol de Stamford Bridge, caí en la cuenta de mi error y en la herejía que había cometido al no prestarle la atención que merecía. Mi padre, sin embargo, me lo venía advirtiendo desde el principio. Siguió su carrera desde que abandonó su Fuentealbilla natal con un cariño especial, quizás la historia de un muchacho de Albacete que salió de casa para buscar su lugar en el mundo le resultaba familiar. “Ani, hay un chaval de Albacete que destaca en la Masía. Andresico, se llama. Ese va a ser el mejor”. Su cantinela se repetía cada temporada, mientras Andrés seguía deleitando en el Mini.

Andrés Iniesta con la camiseta del Albacete, año 1992.
Andrés Iniesta con la camiseta del Albacete, año 1992.

Al final, como en tantas otras cosas, el tiempo acabó dándole la razón a mi padre. Andrés Iniesta debutó con el primer equipo en una fría y lluviosa noche de Brujas. En un Barcelona plagado de holandeses que todavía no había conocido la sonrisa del Gaucho; y ante unos aficionados belgas, que como yo, sería conscientes muchos años después de la suerte que tuvieron al ver debutar al mago de Fuentealbilla. Todavía recuerdo como se le iluminó la mirada a mi padre cuando escuchó por la radio que teníamos en la cocina, en la que solíamos oír los partidos que no televisaban, la entrada al terreno de juego de aquel pálido muchacho. “Te lo dije”, me comentó orgulloso.

Andrés Iniesta durante su debut con el primer equipo.
Andrés Iniesta durante su debut con el primer equipo.

En el siguiente recuerdo vívido que tengo de Andrés Iniesta, también aparece mi padre. El Barça disputaba su primera final de Champions League, desde la debacle de Atenas. Recuerdo un partido raro, la sensación de que no aprovechamos la superioridad numérica, la cabeza de Campbell, los pies de Víctor Valdés y la primera vez que me maravillo la clase de Henry. Mi padre solo pedía a Andrés y cuando descubrió que empezó la segunda parte de inicio se le fueron los nervios. Yo, por el contrario, no me podía creer que se escapara la oportunidad de levantar la ansiada Copa de Europa. Entonces llegó el gol de Eto’o a pase de Larsson, pero fue en la repetición cuando vi claramente que el autor del pase diferente y que había saltado líneas era obra de aquel joven futbolista al que tanto admiraba mi padre. Luego Belletti consumó la remontada y aquella noche de Miércoles, que bonitas eran las finales de Champions entre semana, el Barça volvió a ser campeón de Europa.

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Andrés fue clave en la segunda Champions League del Barça.

Antes de la llegada de Pep Guardiola, Andrés Iniesta no gozaba de toda la continuidad que merecía y a punto estuvo de fichar por el Real Madrid. Todavía se me ponen los pelos de punta nada más de pensarlo. La llegada de Guardiola sirvió para mostrar a Europa y al mundo el fútbol en su máxima expresión, Andrés fue uno de los abanderados de ese estilo y empezó a ser reconocido como uno de los mejores jugadores del mundo. Ese año, la primera imagen que me vino a la cabeza después de ver a Iniesta quitándose la camiseta amarilla y de oír a Carlos Martínez gritar a pleno pulmón que el Dios del fútbol había bajado a Stamford Bridge, fue la de mi padre y no pude evitar pedir perdón por haber estado tan ciego.

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Andrés celebra su gol en Stamford Bridge.

Durante las siguientes temporadas, Andrés siguió sin gozar del reconocimiento que merecía, sobre todo de los periodistas o aficionados. La figura del manchego quizás se difuminaba entre tanta estrella, Xavi o Messi, Valdés o Puyol, el propio Guardiola. Sus compañeros y entrenadores alababan al manchego, y esa es la opinión que más vale. La prudencia, profesionalidad y saber estar del centrocampista blaugrana siempre ha servido para alejar los focos de él, al menos hasta Sudáfrica…

Pocos sabían el calvario de lesiones y en el mal momento de forma en el que llegó Andrés al Mundial de Sudáfrica. El manchego había dejado de confiar en su físico y hasta en su juego, algo más de lo que cualquier jugador profesional puede soportar. Las dudas y los miedos se apoderaron de él, pero entonces la Roja comenzó a ganar partidos y Andrés volvió a sentir la magia en sus botas. Iniesta metió el gol de todos, el gol más importante de la historia de la Selección Española. El chaval tímido de Fuentealbilla, no podía ser otro. Cuando por fin todas las miradas del fútbol mundial se posaron en él, Andrés se quitó su camiseta y le mostró al mundo el nombre de su amigo que había fallecido esa misma temporada. Ese es el gesto que mejor define la calidad humana del manchego y que ha hecho que salga aplaudido de todos y cada uno de los campos de fútbol que pisa.

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“Dani Jarque, siempre con nosotros”

Andrés Iniesta ha seguido dándole la razón a mi padre durante todos estos años, ganando títulos y dejando exhibiciones allá por donde va. En su último partido hasta la fecha, la final de la Copa del Rey, demostró que todavía le queda mucho fútbol en las botas. El abrazo de Leo Messi y las lágrimas del propio Andrés tras abandonar el estadio ovacionado por ambas aficiones nos hicieron emocionarnos a todos. Todavía no me creo que nos dejé, para irse a China. No me lo quiero creer. Tengo que escuchar una y otra vez el audio de Whatsapp que me mandó mi padre cuando le pregunté si estaba viendo el partido. “Sí, Aníbal. Pero Andresico ya se va y esto se va a quedar hecho una mierda”. Más abajo leo lo único que le puede responder: “ANDRÉS”.

 

3 comentarios sobre “Andresico.

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