Viva la vida.

“Yo solía gobernar el mundo, los mares se alzaban cuando yo lo ordenaba. Ahora, al llegar la mañana, duermo solo y barro las calles que antes solía poseer.”

Me viene a la mente el Barça de Pep y evoco las sensaciones que tenía después de disfrutar de cada partido de los suyos, sensaciones que ya nunca más he vuelto a sentir. El tiempo pasa y no lo hace en balde, aquel equipo contaba con la mejor generación salida de la Masía más algunos complementos perfectos como Dani Alves o David Villa que estaban en plenitud y otros como Henry o Eto’o que todavía guardaban destellos de su grandeza.

“Yo solía tirar los dados, veía el miedo reflejado en los ojos de mi enemigo. Escuchaba como la gente cantaba: ahora que el viejo rey ha muerto, larga vida al rey.”

Piqué estirando la camiseta hasta darla de sí en el Bernabéu, Messi suspendido en el aire del Olímpico o el dios del fútbol bajando al césped de Stamford Bridge y personificándose en la bota derecha de Andrés. Éxtasis, incredulidad o excelencia son palabras que pueden servir para plasmar los momentos vividos tras aquel triplete histórico del que fue denominado como “Pep Team”.

“Por un minuto yo tenía la llave, al siguiente las paredes estaban cerradas ante mí. Y descubrí que mis castillos estaban construidos sobre pilares de sal y arena.”

Ese Barça alcanzó la eternidad tras ganar el Mundial de Clubes y convertirse en el único equipo de fútbol en ganar un Sextete. Todavía recuerdo a Pep llorando en el centro del campo, agotado y superado. Quizás atisbando, por vez primera, la grandiosidad de su obra. Culmen de todo ese histórico ciclo fue la manita al eterno rival, no ya por el resultado, sino por el espectáculo ofrecido. El mérito de ese equipo no consistía en ganarlo todo, residía en la forma de lograrlo. Su juego, basado siempre en la pelota, era brillante y fue reconocido por el mundo entero.

“Por alguna razón que no puedo explicar una vez más, nunca hubo una palabra honesta. Así era cuando yo gobernaba el mundo.”

Lamentablemente, el tiempo pasa y desgasta. A pesar de volver a reinventar su equipo, Pep estaba cansado. Decidió irse, pero permaneció su idea que fue aprovechada por Lucho y llevó al Barça a conquistar otro glorioso triplete aunque ya nada era igual.

“Fue el viento embrujado y salvaje que tiró las puertas para dejarme entrar. Ventanas rotas y el sonido de tambores, la gente no podía creer en lo que me había convertido.”

Hoy me ha dado por recordar épocas pasadas, que fueron mejores. Lo que significa que hay un problema y es que el Barça ya no me transmite lo que me transmitía antaño. Que sigue ganando, pero no como antes. A pesar de ello todavía hay esperanza, nos quedan las maravillas de Messi, el empecinamiento de Busquets por ser la última frontera entre el estilo de la Masía y la mediocridad, o el liderazgo de un Piqué que todavía anhela la melena de Puyol… Y sí, estoy escribiendo esto mientras escucho los acordes de Chris Martin y ojeo las crónicas sobre el empate de ayer frente al Girona.

“Los revolucionarios esperan mi cabeza en una bandeja de plata. Solo una marioneta con una cuerda solitaria, ¿quién podría ser el rey?”

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