El dilema del hombre taciturno.

Pronunció una vez Thomas Stearns Eliot, que fue uno de los líderes del movimiento modernista en poesía, las siguientes palabras: “No harán muy grandes cosas los vacilantes que dudan de la seguridad”. Esta cita me viene que ni pintada para intentar explicaos mi visión sobre el caso de Ernesto Valverde y su continuidad en Can Barça.

Quiero dejar clara y meridiana una cosa, antes de todo lo que vais a leer a continuación, y es que para mí el Txingurri es un excelente entrenador de fútbol, un gran gestor de fútbol y un tipo tremendamente elegante. Pienso que el mayor enemigo de Ernesto, es él mismo. Una de sus mayores virtudes, la modestia, es a la vez su mayor defecto. Es un tipo tan templado, que lamentablemente siempre suele tender a dejarnos una sensación fría.

Para ser entrenador del Fútbol Club Barcelona es necesario mucho más. No basta con tener todas esas grandes cualidades que he citado anteriormente, además de muchas otras, sino que tienes que tener una fuerza interior. Un “algo”, espíritu, un carisma del que Valverde carece por completo. Evidentemente, no estoy reivindicando a los entrenadores que son personajes y por dentro están vacíos, futbolísticamente hablando. Pero sí creo que se debe tener la mezcla perfecta entre ser un sabio del fútbol y tener carácter o al menos demostrarlo de vez en cuando.

Las últimas declaraciones de Ernesto Valverde, confirman la actitud taciturna que ha demostrado desde su aterrizaje en el banquillo blaugrana el año pasado. En ellas, asegura que todavía no tiene clara su continuidad en el club culé. Da la sensación que para el es un auténtico martirio o tormento estar al frente de un equipo de esta dimensión. Entrenar día a día al que probablemente sea el mejor jugador de todos los tiempos, nunca puede ser una condena. Si realmente tiene tantas dudas, lo mejor para todos es que haga las maletas y abandone el Barça al finalizar la temporada.

La otra razón que se me ocurre para que Ernesto no confirme publicamente su decisión, es que quiere esperar un tiempo para ver como se encuentra el equipo. Algo que me parece tremendamente cobarde y ventajista por su parte, pero que conociendo la actitud reservada del técnico vasco a lo largo de este año, tampoco me extrañaría.

Ojo. Repito que me parece un gran entrenador y como habréis notado, no he hecho referencia en ningún momento a sus decisiones deportivas. No entro en si el Barça juega mejor o peor, si su estilo es más o menos vistoso, la parte de mérito que tuvo al levantar un doblete con un equipo desmantelado tras la marcha de Neymar y construyendo un bloque defensivo inexpugnable. Todo esto es muy debatible y sin duda da para otro post. Lo que no tiene discusión es que Ernesto Valverde ha dividido a la afición culé ya que ha cambiado el estilo de juego del club y eso en el Barça no es negociable, como tampoco lo es la Masía.

Miedo. Dudas. Indecisiones. 

Y lo peor, el recuerdo de una noche de Abril en Roma que todavía duele.

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3 comentarios sobre “El dilema del hombre taciturno.

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