El dueño de la batuta.

“El talento, siempre gana al físico. El día que eso no ocurra, la cagaremos, porque este juego será muy aburrido”

Tengo la sensación de que escriba lo que escriba, no estará a la altura. Es una tarea titánica escribir sobre Xavi Hernández y que el texto refleje todo lo que él representaba para mí en un terreno de juego. Después de esta disculpa preventiva, os prometo que intentaré transmitíos lo que significa para mí este descomunal jugador de fútbol.

Fui detrás de un partido muchos años y afortunadamente hace unos meses conseguí hacerme con él. Tenía mucha curiosidad por verlo de nuevo, para apreciar las diferencias y analizar todas las acciones que pasaron desaparecibidas a los ojos de un niño de nueve años.

Esa era la edad que tenía cuando vi en directo, el primer partido que recuerdo de Xavi.

También fue la primera vez en mi vida que trasnoché, ya que a las dos de la mañana en España comenzó la final de los Juegos Olímpicos de Sidney entre España y Camerún. Mi esfuerzo tuvo una recompensa temprana, antes de que el luminoso marcase los dos minutos de partido se adelantó nuestra selección. El autor del tanto fue un chico que no podía tener menos pinta de futbolista, lucía un peinado pasado de moda y carecía de todo tipo de gracia para celebrar los goles. Se llamaba Xavi y ya llevaba el dorsal “8”. El partido acabó con derrota por penaltis, perdieron el oro olímpico y yo gané un referente.

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Los últimos años de los noventa y los primeros del nuevo milenio, fueron deportivamente muy oscuros para él. Alternó el filial con el primer equipo, siendo decisivo en Pucela y salvando a aquel pintoresco entrenador holandés que le había hecho debutar. El fútbol fue muy ingrato para él durante esa época, también para Puyi o doble V. Esa generación no tuvo la suerte de la que sí gozó la del ’87, estos últimos llegaron en volandas a un equipo acostumbrado a la gloria, sin embargo Xavi, Carles, Víctor los demás canteranos que finalmente se rindieron tuvieron que trabajar para construirla. Algo que todavía agranda más su leyenda ya que en esos días era más fácil marcharse, él se quedó sin importar el precio a pagar.

Llegó el Gaucho y con él la sonrisa, las victorias, los títulos… Xavi comenzaba a ser importante, tras demostrarle a otro holandés (malditos holandeses) que podía ser el dueño del medio del campo culé y heredero de toda una dinastía de exquisitos directores de orquesta. Justo en ese instante, su rodilla se quebró. A la vez que se rompieron todas las esperanzas de los que pensábamos que Xavi por fin podría ser eso que llaman un TOP mundial. Calma, lo mejor estaba por llegar…

Luis y Pep, fueron los dos hombres más importantes en la carrera de Xavi. Ellos supieron ver antes que nadie el potencial del genio de Tarrasa, don Luis Aragonés le comenzó a tratar de usted y le nombró comandante en jefe de su ejército de “bajitos”. Con Pep, llevó el juego de posición y de dos toques a un nivel excelso. Siempre me gustó el juego de dorsales que tenía con su querido Andrés en el Barça y la Selección, el “6” y el “8”, la continua dualidad. Era como si nos quisieran decir: “Tranquilos, el medio campo es nuestro en toda su extensión”.

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Xavi era como el buen vino, mejoraba a cada año que pasaba. Un cerebro, la inteligencia llevada a la máxima potencia. No tenía un físico de atleta, por él ya corría el balón y la jugada iba a una velocidad infinitamente mayor en su cabeza. Los que leen el juego a ese nivel nunca han necesitado piernas, porque ya saben todo lo que va a pasar antes de que ocurra. El guardián de todo un legado, un futbolista en peligro de extinción.

No os quiero aburrir con estadísticas, números y grandes logros de su brillante carrera, iré directamente al momento en que se despidió del Barça. El 3 de Junio del año 2015, fue uno de los días más emotivos y duros que he vivido relacionados con este maravilloso deporte. Ese día en Barcelona, se le dijo adiós a “un capitán, un amigo, un compañero, un máquina” como bien recordó Andrés. Al ver la emoción en el rostro de Xavi tras recordar el barcelonismo de su abuelo, me vinieron a la cabeza mil imágenes suyas. Sentí rabia porque ese genio del fútbol mundial no tuviese un galardón a su altura, pero luego comprendí que ese sencillo chico que iba en metro todos los días a entrenar con un horrendo chándal gris Adidas había conseguido algo mucho más difícil.

Xavi había cambiado el modo de entender el fútbol desde el toque y la posesión. El respeto de todos los profesionales del fútbol mundial, era suyo.

Ese es su triunfo, su legado, lo que inculcará a todos y cada uno de los chicos que estén a sus órdenes en la Masía. Porque ese fue el único consuelo que me quedó aquel día de verano, la promesa que nos hizo el propio Xavi Hernández. “Espero que no sea un adiós, sino un hasta pronto”.

Juventus FC vs FC Barcelona

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