Pólvora y porcelana.

Algunas dudas y varias certezas se pueden extraer del partido disputado entre el Villarreal y el Barça en el Madrigal, me niego a llamarle Estadio de la Cerámica. Cierto que el sabor de boca que nos queda del punto obtenido es mucho más dulce, debido a que se marcaron dos goles en el último suspiro, pero para mí es engañoso si analizamos fríamente el partido entero.

Tres pesos pesados partían desde el banquillo, Piqué, Rakitic y Messi, los más importantes por línea. Jugadores que crean multitud de dependencias a todo el conjunto de la plantilla. Jugar ante el Villarreal en su campo, siempre es una empresa complicadísima. Una de esas salidas marcadas en rojo, aunque el rival no pase por uno de sus mejores momentos. Ya en los primeros minutos, Ter Stegen supo que no iba a ser una noche plácida y que tendría que sacar varias veces a pasear su mano de piedra. Umtiti, quien te ha visto y quien te ve, y Lenglet sufrieron a los veloces delanteros groguets durante toda la noche. Paradójicamente, cuanto más se echaba de menos a Gerard Piqué llegó el primer picotazo culé. El gol fue de Coutinho, el mérito de Malcolm el agitador. Me conmueve sobremanera el “14” culé, un jugador totalmente menospreciado por su entrenador y al que le brillan los ojos de emoción cada vez que se enfunda la elástica blaugrana. Tuvo la osadía de meter el segundo gol unos pocos minutos después ante el avinagrado rictus de Valverde, con un espectacular cabezazo tras centro de Perroloco Vidal.

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El resultado era espectacular para los culés, mucho más que su juego. Todavía pudo serlo más, pero Coutinho estrelló su picadita en el palo. Al mago apático no terminan de salirle las cosas, no cuajó mal partido hasta que decidió desaparecer en la segunda mitad. En ese momento, otro brujo emergió cogiendo la batuta y comenzó a lanzar a sus delanteros a la espalda de la endeble defensa culé. Hablo de Santi Cazorla, jugador en peligro de extinción con toneladas de fútbol en sus botas, siempre con una sonrisa torcida e imperfecta que refleja toda la sabiduría y sacrificio que ha demostrado a lo largo de su magnífica trayectoría. Samu Chukwueze metió el primero y apretó el marcador, llevando la esperanza a todo Villarreal. Después de un bonito intercambio de golpes llegó lo mejor para el Barça, el descanso.

Cualquiera podría pensar que a la salida de vestuarios los culés templarían el partido, pero nada más lejos de la realidad. El Submarino metió más vértigo, aprovechándose de la rodilla de Umtiti y las dudas de Lenglet. Otra cabalgada amarilla, propició el segundo. Ter Stegen intentó anticipar el centro de Ekambi y se encontró con el balón en el fondo de sus redes. Empate y la sensación de que los culés se desmoronaban. Ernesto lo supo ver y diez minutos después salió Leo Messi al campo, justo cuando Iborra volteaba el marcador. Con el equipo volcado buscando el empate, Cazorla filtró el enésimo balón a Bacca. El delantero colombiano puso lo que parecía la sentencia, pero antes tuvo tiempo de desnudar a Umtiti en la cabalgada anterior al gol. A base de empuje y fútbol, el Villarreal remontaba el encuentro y endosaba cuatro goles a un Barça sin Gerard Piqué.

VILLARREAL 18/19 BARCELONA 18/19

Corría el minuto 90, cuando Messi recibió una falta en la frontal del área. Leo ha llegado a dominar tanto el arte del lanzamiento a balón parado, que el gol de falta es una auténtica certeza. Mandó el balón a la escuadra de Asenjo con la precisión y violencia de un letal francotirador, Messi deja víctimas con bocas abiertas a su paso. La obra de arte maquillaba el resultado, pero no había tiempo o fuerzas para intentar rascar algo más. Inocente de mí, había subestimado el hambre de Furia. En los instantes finales un último esférico quedó suelto en el área, territorio de un depredador uruguayo con fuego en la mirada. Suárez, el mejor nueve del mundo, empaló con la zurda y fue a gritar un gol que puede valer una Liga.

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Extrema fragilidad defensiva, nulo control en el centro del campo, pero pólvora arriba y una mentalidad de hierro. Toque de atención que debe servir para salir todavía con más motivación y concentración frente al Atleti del Cholo, partido para despejar dudas, afianzar certezas… y ganar campeonatos.

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