El guardián entre el centeno.

Hay libros que para valorarlos en toda su dimensión debemos volver a releerlos con el tiempo, para darnos cuenta de su inmensidad. Con la obra cumbre de J. D. Salinger me ocurrió eso, quizás la leyera demasiado pronto y no terminé de entenderla hasta que la pude disfrutar en su totalidad años más tarde.“El Guardián entre el Centeno” contiene varios monólogos de culto en los que el protagonista de la obra nos muestra su objetivo vital, uno de ellos es el siguiente: “Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura”. No encuentro símil más perfecto sobre el papel que realiza Leo Messi en este Barça.

6821F5A2-243B-42AF-A837-A8648B8E1B04La eliminatoria llegaba al Camp Nou más resuelta de lo que las sensaciones pudieran dar a entender, el “efecto Roma” se podía masticar en el ambiente. El Barça-United es de esos partidos que puede acabar en hazaña o goleada, Rashford tuvo en sus botas la posibilidad de invocar fantasmas enterrados en tumbas muy poco profundas, pero falló. Tras esos momentos en los que las piernas temblaban, Leo agarró el balón y tras realizar un magnífico eslalon aprovechando el pasillo creado por Furia, mandando el balón a la esquinita esa a la que los porteros no pueden llegar. El Guardián volvió a realizar su trabajo de manera impecable, evitó que sus compañeros cayeran por el mismo precipicio por el que se habían despeñado durante tres años consecutivos. La rabia y pelea que muestra Messi en cada celebración es la esperanza culé, el histórico brazalete culé portado por tantas y tantas leyendas parece dar un plus de alma al “10”.

 

C811863C-F557-4794-B195-4894D92EE9BATodavía aturdidos por el golpe y sin tiempo para recomponerse, los pobres Diablos Rojos cayeron en la trampa De Gea. Un extraordinario portero el español, que es capaz de sacar pies imposibles y emular los fracasos de Arconada en la siguiente acción. La eliminatoria se acabó a los veinte minutos, porque se antojaba imposible que este United repitiera la hazaña de París. Antes de llegar al descanso los discípulos de Solskjær intentaron sin éxito inquietar a un equipo que ya estaba a salvo bajo la vigilancia de Messi, el juego de los ingleses descolorido como esa camiseta que vestían más parecida a esa camisa blanca que pones en la lavadora con un calcetín rojo por accidente.

Durante la segunda parte, se pudo comprobar como es de férrea la defensa culé, que Ivan Rakitic es tan rubio como fundamental en este equipo y que Philippe Coutinho no debe vestir la elástica blaugrana el año próximo. Todos y cada uno de los culés hemos aguantado esta temporada la desidia que ha arrastrado el mago brasileño durante cada partido que ha disputado, más de los que merecía, con una estoíca paciencia ya que éramos y somos conscientes de la calidad que tiene este jugador en las botas. Anoche, fue el autor del 3-0 con su clásico golpeo de rosca mortal a la escuadra y dedicó un gesto horrible a su afición que más tarde corroboró al abandonar el terreno de juego. El jugador de fútbol es poco inteligente y egoísta por naturaleza, pero la culpa del mal rendimiento esta temporada únicamente es del fichaje más caro de la historia del club. La desidia se castiga, la chulería nunca merece indulto. Triunfar en el Barça no pasa por meter un gran gol cada tres meses, si así fuera Alexis Sánchez sería leyenda. A partir de ahora le toca al Caos, uno que sí se ha ganado los aplausos del respetable desatando su tormenta en contra de la prensa y las lesiones.

8D61605C-9019-4E77-A0AB-EC4E5185CAA9Es cierto que los jugadores del Barça salieron y disfrutaron, sí, pero cuando Leo Messi hizo su trabajo. Antes de la soñada final del Wanda, que ojalá sea contra estos muchachos holandeses que están asombrando a todo un continente, espera Klopp con sus flechas rojas. Tres partidos para alcanzar la ansiada gloria, para retornar a la cúspide de Europa. 270 minutos durante los que muchos jugadores correrán sin vigilancia por el verde, y en los que Leo Messi intentará evitar que caigan. Aunque parezca una locura. 

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