Més que un porter.

En ocasiones, el fútbol es tremendamente injusto. Un fallo puede perseguir a un jugador durante el resto de su carrera, sobre todo si se trata de los porteros. Esos tipos que se plantan bajo los tres palos y que son diferentes al resto, soportan más de lo que podemos llegar a imaginar. Aun teniendo trayectorias triunfales, como puede ser el caso de Víctor Valdés, llegan momentos en los que sienten pavor y una soledad infinita mientras ejercen de últimos guardianes para sus equipos. Confieso que vi jugar muy poco a Andoni Zubizarreta, por lo que mi caprichosa mente asocia su nombre a aquella nefasta tarde en Nantes. He leído acerca de lo buen portero que fue y aun así mi cabeza sigue siendo injusta con él, ya que para mí siempre será el responsable de la derrota ante Nigeria. Nunca pensé que tuviera nada que agradecerle o que pudiera estar en deuda con este vitoriano de casi metro noventa, hasta que puso en mi camino y en el del Barça a Marc André Ter Stegen.

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La primera vez que ví a ese muchacho alemán rubio confieso que no supe que pensar de él, por lo que me fui directo a buscar vídeos del joven portero alemán. Tras su visionado, tenía más dudas que certezas y después de enterarme que el fichaje había sido una apuesta personal de Zubizarreta terminé por tirar la toalla. Ahora me avergüenzo de ello, me avergüenzo de no haber visto esa luz en los ojos de Marc André el día de la presentación, me avergüenzo de no confiar en alguien que destilaba seguridad a pesar de su temprana edad y del titánico reto que estaba a punto de asumir sin la ayuda de imbéciles como yo que prejuzgamos a un portero antes de saber de que pasta estaba hecho. En esos momentos el portero titular para muchos era Claudio Bravo, conocido en la Liga y mucho más veterano que el alemán. Luis Enrique supo compatibilizar ambos arqueros de una manera excelente, dejando a Marc André disputando la Copa del Rey y la máxima competición continental. Algo que nunca le terminaremos de agradecer al Lucho, Ter Stegen fue descubierto por Zubi y mantenido con una fe inquebrantable por el entrenador asturiano. En su primera temporada, la del triplete, paseo su personalidad y puños de piedra por los templos más imponentes del fútbol europeo. París, Manchester y Múnich aun recuerdan sus paradas imposibles y la manera en que ese desconocido alemán imberbe sostenía al conjunto blaugrana. En el Allianz Arena todavía siguen algunos aficionados bávaros congelados en el tiempo con cerveza en mano, gritando un gol que no fue. Una pelota que Marc André sacó de la misma línea de cal, con los reflejos y la elasticidad más propios de una pantera que de un chico nacido en Mönchengladbach.

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Tras dejar en el camino a Bravo, quien supo aceptar de manera inteligente que el futuro de la portería culé tenía acento alemán, comenzó a convivir con Jasper Cillessen. Mención aparte merece el jugador holandés, portero que sería titular en el 90% de los clubes europeos y que ha jurado fidelidad al Barça sellando el trato con esa eterna sonrisa que nos encandila. Jasper es un gran tipo y un enorme portero, quizás nunca podamos recordarle como se merece.

No analizaré de manera detallada las impresionantes estadísticas que lleva el portero alemán en el Barça, ni sus innumerables paradas, porque no es mi estilo ni pretendo que lo sea. Para mí, Marc André Ter Stegen además de ser uno de los mejores porteros de la historia del Barça ha demostrado ser algo mucho más que eso. Es todo un capitán por el que han comenzado algunas de las remontadas más increíbles que jamás se han producido, recuerdo cuando encajó el gol de Cavani y gritó a sus compañeros: “no pasa nada, somos el Barça”. O el “a tomar por culo” con el que comenzó la temporada actual, frase que por cierto proferí a gritos cuando eliminaron a la selección nacional alemana del Mundial de Rusia, selección que tiene la desfachatez de tratar al mejor portero del mundo como un auténtico paria.

Ter Stegen es el Barça y Barcelona, ya que desde que llegó su simbiosis con la ciudad es perfecta. Cuentan que verle en metro o comprando en patinete es habitual y que es inmensamente feliz mientras recorre el barrio de Gràcia. Ter Stegen es más que un portero, porque su figura como persona casi eclipsa todo lo que ofrece bajo los palos. Además de ser la última frontera y el hombre con los puños de piedra, cuando se quita los guantes encarna los valores más apreciados por todos y cada uno de los aficionados al deporte. Estos días en un acto en el que promocionaba un libro con fines solidarios, confesó en un castellano impecable que no fue capaz de celebrar el segundo gol de Leo Messi. Explicó que los rivales son antes seres humanos y que el fallo de David De Gea puede cometerlo él. Lo dijo como si realmente no hiciera falta recordarlo, ya que su escala de valores es tan férrea y clara como sus puños.

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Ojalá pudiera volver al pasado y darle una colleja a mi yo del mes de Mayo de 2014, para después susurrarle al oído que Andoni Zubizarreta no solo estaba firmando a un excelente arquero, sino que nos regalaba a toda una leyenda. Gracias Andoni, tu apuesta personal era algo más que un portero, es una leyenda de esas que muchos años después todavía se recuerda en el imaginario popular culé. Tengo la plena certeza de que dentro de muchos años, dos ancianos que ahora son jóvenes se reunirán en un bar de Gràcia y recordarán con cariño al que fuera su vecino y dirán “Marc André tú, molt més que un porter”.

3 comentarios sobre “Més que un porter.

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