Del 1 al 6 de Mayo…

En mi ciudad, durante la primera semana de Mayo se celebran las Fiestas Mayores de Moros y Cristianos. Quizás este dato os parezca absurdo, irrelevante o directamente os importe poco más que una mierda, pero yo lo considero crucial. Durante esta semana todo tiende a pararse y un festero únicamente vive para una cosa, me decía que el fútbol no podía entrar en esta ecuación, pero a pesar de ello cuando se acercaba la hora del Barça-Liverpool no podía dejar de sentir ese cosquilleo tan parecido al que acababa de sentir bajando con mi escuadra las engalanadas calles de mi ciudad. El 2-6, que casualmente hoy cumple diez años o el 3-0 frente al Bayern de Munich, son algunos de los partidos emblemáticos que he medio vivido en esta época del año. Recuerdo cuando Messi acabó con la carrera de Boateng, y yo todavía recién llegado de un desfile abrí el móvil encontrándome un mensaje que rezaba: “tío, ¿tú has visto lo que acaba de hacer Leo?”. No pude verlo en directo, como tampoco el gol de falta de anoche, pero la sensación  que tuve fue la misma que la de hoy, la de que vamos a ser campeones de Europa.

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Klopp calentó la previa ninguneando el poder del santuario culé, Klopp ese tipo soberbio que por llevar una gorrita y lucir una sonrisa perfecta ya es el adalid de los banquillos. Anoche, un tipo infinitamente más elegante que tú al que le apodan “la hormiga” y que jamás se permite algo más que una media sonrisa, te pasó por encima. Así que más cuidado Jürgen, sobre todo a la hora de profanar templos que todavía te quedan muy grandes. El Liverpool salió sin Firmino y con ese descaro que le caracteriza, pero las primeras ocasiones y murmullos en la grada llegaron gracias a los ataques blaugranas. Leo Messi, el que no aparecía después de cuartos, se encargaba de monopolizar el juego con una frescura y agilidad tanto física como mental que hace olvidar fantasmas de otras temporadas. El astro ha llegado fresco al mes más decisivo del año y eso es mérito del entrenador de media sonrisa que compartía área técnica con el de la gorrita. Se llegaba al ecuador de la primera mitad, cuando Perro Loco sacó a pasear su calidad técnica, de la que va sobrado pero que a veces su entrega y corazón dejan en segundo plano. Trazó un milimétrico pase que llegó a Alba, después de la dejada de Coutinho, y el lateral metió una bola donde más duele, justo en ese espacio al que no llega la defensa y el portero siempre tiene miedo de ocupar. Furia ya esperaba ese balón, todavía no estaba en el sitio, pero su mente ya sabía lo que iba a pasar segundos después. El charrúa, con una plasticidad fuera de lo común, puso el interior para que esa bola estrellada cambiase de dirección y acabara besando las redes. En la celebración del delantero uruguayo se percibía una alegría desbordada, propia del tiempo que llevaba el mejor delantero del mundo sin gritar un gol propio en el continente.

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Tras el gol, llegaron los mejores minutos del Liverpool en la primera mitad. Mané tuvo la osadía de estropear una obra de arte con el exterior que había recibido y Salah demostró que llega en el mejor pico de forma de toda la temporada ya que fue un auténtico incordio en banda derecha del ataque “red”. Aún así, los discípulos de Klopp añoraban a su mejor hombre. Roberto Firmino, es el punto en el que se encuentran todos los ataques del conjunto inglés. Además de facturar, es como el catalizador que le da sentido a tanto vértigo.

Al salir de los vestuarios, el Barça se olvidó por momentos de que el partido se jugaba en su templo. Debido al ímpetu del Liverpool, el equipo blaugrana reculó en exceso y comenzó a defender como gato panza arriba. Es en esos momentos de peligro, en los que suele emerger la figura de los grandes porteros y por suerte el Barça tiene al mejor de todos. Marc André Ter Stegen sacó dos manos y aguantó al equipo, recordando que es casi más decisivo que Leo Messi. Como un boxeador que poco a poco se va recuperando de una tunda de puñetazos, el equipo culé comenzó a tener más el balón que es siempre su mejor medicina. Contra el vértigo, la posesión. A más verticalidad, más toques al balón. Desesperar a tus adversarios a base de rondos, revolotear para picar en el momento justo en el que tu rival se duerme.

Y de nuevo Leo. Supo ver el momento preciso, para filtrar un pase que cayó a Luis Suárez, éste con su instinto asesino remató con la rodilla para estrellar el balón en el larguero y que la Pulga se quedará con ese balón suelto para doblar la ventaja. Messi en esos momentos es como los tiburones cuando están en el mar y huelen sangre, se desquician, todas y cada una de las moléculas de su cuerpo se ponen alerta y va a los balones divididos con la certeza entre las botas y la actitud de un auténtico kamikaze. El equipo de Valverde, además de tener la suerte del campeón, también es decisivo en ambas áreas. Podrás ser mejor o peor que tu rival, pero siempre debes meter uno más que él para ganar que al final es de lo que trata esto del fútbol.

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Cuando el electrónico marcaba el 81:11, Leo colocó el balón de estrellas con mimo sobre el césped. Era una falta lejana, que todos los demás jugadores de la galaxia utilizarían para colgar al área y buscar el remate. Pero hablamos de Leo Messi, hablamos de un desafío a la lógica constante. El argentino decidió mandar el esférico a la escuadra con un golpeo violento a la par que preciso, ese balón salió de la bota de Messi siendo el de la Champions y entró en la portería de Alisson transformado en el sexto Balón de Oro del mejor jugador de fútbol de toda la historia. Ahora Leo es capitán con todo lo que supone la inmensidad de esa palabra, por si nos faltaba algún registro que disfrutar o descubrir de este cabrón que hace cosas con las que los demás no podemos ni soñar, y sentado en el verde de su jardín se golpeó el escudo con fuerza varias veces y con un semblante serio mientras todos sus fieles alcanzaban el éxtasis.

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Todavía se estaba coreando el bendito nombre del que nació en Rosario hace ya treinta años, cuando entre Ivan Rakitic y el palo mantuvieron la portería culé a cero. Ya al final, Leo condujo dos contras letales que sus compañeros no supieron aprovechar. En la última y tras ver como Caos remataba a las manos del portero, Leo se dejó caer en el terreno de juego con la certeza de un hombre que sabe que ha dejado todo lo que tiene por un escudo, un equipo y una forma de ver el fútbol. Ahora queda la vuelta, los de Valverde deben salir preparados para una tormenta ofensiva y pensar que tienen prohibido relajarse. Deben tener en mente que con un gol, obligas a los “reds” a tener que meter cinco. Cada jugador del Barça tiene que saltar al campo sabiendo que se jugará la final en un auténtico santuario para todos los amantes del fútbol, pero que el único y verdadero Dios viste orgulloso la zamarra blaugrana.

El día siete de Mayo guardaré las botas, las polainas, las muñequeras, la espada y mi casaca negra, mientras rememoro los mejores recuerdos de la semana más maravillosa del año. Al fin y al cabo, el fútbol es lo más importante de las cosas que carecen de importancia, pero Leo Messi es algo más que el fútbol. Es intentar hacer todo lo que puedas por disfrutar de sus obras de arte, como buscar un enlace en una web libanesa en tu móvil mientras suenan marchas moras de fondo.

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