Déjà vu.

Lo más triste de todo es que ni siquiera estoy enfadado. Es peor. Albergo una sensación en el estómago como de extraña paz o calma, quizás porque todavía no quiero procesar el bochorno histórico que vieron mis ojos anoche. Unos tipos que no estuvieron a la altura del escudo que representaban y de la afición que tenía una fe ciega en ellos, unos tipejos que han hecho parecer un doblete en fracaso y que han conseguido arrebatarme las ganas de ver fútbol por una temporada. No pienso adornar esto con frases vacías carentes de sentido y llenas de épica, ya que únicamente me apetece escupir toda la rabia que ahora mismo siento por todos y cada uno de los componentes del club que ayer contribuyeron a escribir una de las páginas más negras del Barça en Europa. Porque no es obligatorio ganar la Champions League, de hecho lo más normal es caer eliminado. Lo que no está permitido y es imperdonable es perder el máximo torneo continental de esta manera. Dos veces. De manera consecutiva. Os prometo que a pesar del primer gol del Liverpool, estaba contento por el juego del equipo ya que hubo un atisbo de reacción y ocasiones falladas. En ese primer tiempo, sobresalió por encima de todos la figura de Arturo Vidal. El único jugador del Barça que se ganó el derecho a salir anoche de Anfield con la cabeza bien alta, un auténtico profesional que sostuvo al equipo en la medular insuflando un carácter y raza admirables. Tras la reanudación llegó el hundimiento, en el segundo gol yo ya tenía claro lo que iba a pasar. Tuve media hora para asimilarlo y ni siquiera asombrarme cuando segundos después los soldados de Klopp igualaban la eliminatoria. Es la segunda vez en mi vida que he deseado que el Barça perdiera, Roma fue la primera. Todos y cada uno de los jugadores que en esos momentos había en el verde, Vidal ya lo había abandonado, me parecían patéticos. Hasta Leo, al que tanto tenemos que agradecer esta temporada, me recordó al jugador que deambula con una camiseta albiceleste que parece pesar toneladas. Hubo un amago de ir arriba a por el gol, provocado por el cansancio de los jugadores reds y por la poca vergüenza que les quedaba a algunos futbolistas culés. Duro poco. En un saque de esquina defendido, o mejor dicho no defendido, de manera impropia por jugadores de élite llegó el cuarto. Las risas de Origi en la celebración se mezclaban con las carcajadas de todo el mundo del fútbol y de aquellos que pese haber realizado una lamentable temporada se fueron exultantes a la cama. Mi más sincera felicitación a Klopp y a su Liverpool, supieron destrozar a un equipo de peleles y firmar otra noche europea histórica junto a su maravillosa afición. Esta derrota traerá consecuencias, o al menos eso espero. Algunos de los que dejaron ayer arrastrado el nombre del club, no deberían haber vuelto a Barcelona. No al menos con el resto de la expedición. Para mí, como para muchos culés, ya se ha acabado la temporada. No pedíamos el triplete, sabemos que es algo muy difícil de lograr. Lo único que nos merecíamos era no volver a vivir en nuestras carnes el infausto recuerdo de Roma.

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