De ilusiones y certezas.

Los templos del fútbol tienen memoria, estoy seguro de ello. No estuve físicamente en el Camp Nou, pero pude percibir desde la pantalla de televisión que el santuario culé rezumaba la misma magia que una noche veraniega de Agosto allá por el año 2005. Aquella noche de autos, durante el Gamper que se celebró, un pibe enamoró al mundo derribando rivales con una tranquilidad pasmosa, como lo hacía en los potreros de Rosario y perdiéndole por completo el respeto a una Vieja Señora italiana que infundía pavor a los más veteranos. Leo Messi se presentó en sociedad y tras ese partido contra la Juventus, todos los culés sabíamos a ciencia cierta que estábamos ante un elegido, hasta Capello imploró la cesión del imberbe genio con el “30” a la espalda…

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Ese día Ansu Fati estaba a punto de cumplir tres años de edad y únicamente faltaban catorce años para que se volviesen a repetir las mismas certezas.

Me sorprendí gratamente de la alineación que Ernesto Valverde preparó para el #BarçaValencia, ya no solo por la titularidad de la joven pantera sino porque alineó al centro del campo que debe ser: Busi-Arthur-De Jong. Esa medular aúna el equilibrio, el fútbol total holandés y hasta movimientos que nos evocan años de gloria como son la pelopina o la media ruleta que eran propiedad del metrónomo de Tarrasa y hoy se atreve a realizar un tipo de Goiânia mientras luce una nívea sonrisa de ensueño. Nada más comenzar el partido intuí que veríamos al Barça del Camp Nou, el que corre, presiona, asfixia y recupera en tres cuartos. Lo que no pudo intuir nadie fue la bofetada que Ansu Fati le pegó a la lógica antes del minuto dos de partido. Un pase al centro del área del bueno de Frenkie, fue rematado por el niño prodigio en el centro del área pequeña ante el pasmo de propios y extraños. Bocas abiertas, ojos como platos, incredulidad y aquel aroma a “Gámperes” pasados… El “31” corrió hacia la esquina del campo con el brillo en la mirada del que sabe que está en un sueño y que pronto despertará de él, pero el ensordecedor bramido del templo blaugrana era demasiado real.

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El sinvergüenza no tuvo bastante, porque los elegidos siempre tienen hambre y ese punto de irreverencia. Es potencia y electricidad contenida en 172 centímetros. De sus botas llegó el segundo gol del encuentro, que parecía encarrilar el mismo. Se enfrentó ante una atónita defensa del Valencia, los zarandeó como quiso y tuvo la pasmosa tranquilidad de buscar a De Jong que llegaba como una exhalación para anotar su primer gol como culé ante la locura de su padre, un hombre al que los culés le debemos tener a uno de los centrocampistas que marcarán una época. John de Jong, un tipo íntegro e inteligente del que muchos “pais” deberían aprender.

Volviendo al encuentro, y dejando a un lado las relaciones paterno-filiales, el Barça se encontró con que el Valencia no iba a vender barata su derrota a pesar de llegar hecho trizas institucionalmente al Camp Nou. Prueba de ello fue el gol de Gameiro y todo lo que apretaron los chés antes del descanso, durante ese tramo Marc André Ter Stegen demostró lo decisivo que es y lo grande que es capaz de hacerse en los momentos decisivos.

Al salir de los vestuarios se confirmó lo que se dejo entrever en los últimos compases de la primera mitad, que los culés necesitaban un gol pronto para no permitir que el Valencia se creyese capaz de llevarse algún punto del Camp Nou. Ese tanto nació de las botas de Grizzi, uno de los jugadores más inteligentes y con los movimientos más exquisitos que han visto mis ojos. Su lejano disparo fue cazado por Piqué, ese central con alma de delantero que siempre está cuándo y dónde se le necesita. Me gustaría detenerme en el papel de Antoine Griezmann y darle la importancia que merece ya que acompañado por dos juveniles al frente del ataque el francés realizó un recital que no se vio recompensando con el gol, aunque no hizo falta. Babeó nada más de pensar en la que puede liar junto con Leo y Luis. El astro argentino parecía pensar lo mismo mientras veía a sus compañeros en la grada, los ojos se le iluminaban e imagino que sentía impaciencia y envidia a partes iguales. Cinco jornadas sin Messi son muchas jornadas, el fútbol nos debe una indemnización de las gordas. Viajará a Dortmund, pero no creo que juegue. Paciencia, lo bueno se hace esperar.

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Al cumplirse la hora de encuentro salió la estampida al verde del Camp Nou, Ansu Fati dejó su lugar en el verde a Luis Suárez entre una atronadora ovación. El primer balón que tocó el charrúa fue a la jaula, sin piedad, en estático, sin preliminares, frío. Gol. No tocó muchos más, pero tampoco le hizo falta para firmar su primer doblete en esta Liga. Esta vez convirtió una dulce dejada de Antoine en un latigazo seco inalcanzable para Jasper. Furia es eso. Es gol. A lo que se reduce este maravilloso deporte. Ambos fueron para Xana, dos X alzadas al cielo, precioso.

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Antes de que la gente abandonase el estadi todavía hubo tiempo para que Maxi Gómez, otro charrúa que mastica goles, maquillara un poco el resultado para el Valencia. No importaba, al menos no al aficionado culé que abandonaba el Camp Nou con una sonrisa desbordante de ilusión y certezas, sintiéndose afortunado por vivir algo que ocurre cada muy pocas veces en la vida, repitiendo dos palabras como si fuesen un mantra en una especie de bella ensoñación.

Dos palabras: Ansu Fati. 

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