Dejarse llevar suena demasiado bien.

El valor para marcharse, el miedo a llegar.
Dejarse llevar suena demasiado bien, jugar al azar.
Nunca saber dónde puedes terminar.
O empezar.

Un equipo campeón, aunque no lo sea y solo quiera aparentarlo, siempre debe tener un punto de tiranía, atrevimiento, soberbia y sometimiento. Sus enemigos deben mirarlo con respeto, acocotándose ante su mera presencia y pensar que están a años luz de él. Hablo únicamente de mentalidad, ya que si quieres ser algo tienes que empezar por aparentarlo. Anoche en Dortmund, el Barça no demostró nada. Plano, por momento un juguete en manos de los alemanes que debe agradecer a Marc André Ter Stegen y al Slavia de Praga la situación que ahora mismo vive en su grupo. Los culés salieron al Westfalenstadion, me niego a llamarlo Signal Iduna Park, con el culo apretado y el tembleque en las piernas. El resultado, el de siempre, las mismas cabezas gachas luciendo distintas terceras equipaciones. Son otro equipo fuera del Camp Nou, uno débil, sin colmillo, sin garra, sin pólvora y que su último gol en Europa fue obra de Shaw en el Teatro de los Sueños. Sí, exacto, no os equivocáis, Shaw nunca ha jugado en el Barça. Así que el último gol del Barça fuera de casa en Champions se lo marcó un rival en propia meta. Triste, pero más triste es que nuestro nueve indiscutible lleve cuatro años y dos días sin ver puerta cuando juega de visitante en el Viejo Continente. Demoledor.

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No todo es tan negativo como lo he pintado en este primer párrafo lleno de lamentos y defectos del cuadro entrenado por el Txingurri, ni mucho menos. Empezando por el cambio del técnico bilbaíno que parece ser un pelín más valiente esta temporada, ya que alineó de inicio a tres atacantes entre los que destacaba Ansu Fati. La perla de dieciséis años hizo el partido que le correspondería a un chaval de esa edad, ni malo ni bueno, se fogueo en uno de los estadios que más aprieta de toda la competición. Minutos. Continuo aprendizaje. Otro punto positivo fue el medio del campo que debe ser titular y parece que se va consolidando, Busquets sujetando y Arthur complementándose a las mil maravillas con De Jong. Hay que ver los metros que abarca el tulipán y el trabajo que aporta en la medular. Si nos fijamos en la línea de atrás, encontramos lo de siempre, cierta fragilidad y a un tipo como Semedo que cada partido que hace me demuestra lo equivocados que están aquellos que lo idolatran considerándolo intransferible. Fallos de bulto y escasa aportación, no digamos cuando tuvo que moverse al lateral izquierdo (tiene cojones que Junior estuviese en la grada) tras la lesión de Alba. Para el fenómeno que defiende la última frontera culé ya se me acaban las palabras, está empezando a robarme los adjetivos como hace cierta deidad rosarina. El Barça no perdió por él, así de claro. Sostuvo al equipo cuando el campo se volcaba hacia abajo, hacia el Muro Amarillo, su perfecta colocación y reflejos felinos desesperaron a un Borussia que olía sangre. El culmen de su actuación se produjo al pararle el penalti a su amigo Woody, ya no me quedo con la dificilísima parada abajo con mano dura, sino con la tranquilidad con la que cogió el rebote que yo pensaba acabaría en gol. Més que un porter.

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Leo tuvo media hora, por lo que podíamos casi decir que la temporada 19/20 comenzó en el instante que el electrónico del Westfalenstadion marcaba el minuto 60. Su entrada se noto pese a que participó muy poco en el juego, aun así demostró que sabía lo que el equipo necesitaba: tener el balón para apagar el fuego y la electricidad de los amarillos. Los de Favre jugaron su partido, espoleados por su afición merecieron la victoria, con un Hummels atrás ejerciendo de kaiser y con la velocidad de Sancho desquiciando a la defensa culé. Merecieron ganar porque quisieron hacerlo, no salieron a especular con el resultado. Está bien tener el balón, pero es necesario dar pases que salten líneas. Somos el Barça coño, tienes que tomar ciertos riesgos, tienes que generar una puta media ocasión en los noventa y tantos minutos sea cual sea el rival o el resultado.

Lo único bueno que sacó el Barça de Dortmund, que no es poco, es el punto y la certeza de tener al mejor portero del mundo de su lado. Si no vamos a poder someter mediante el juego por lo menos debemos aprender a que nos teman, a que por muy mal que juguemos nos entren los goles, a ganar de manera inexplicable y a dejarlo todo en el verde. Eso no está en las piernas, está en la cabeza, ese lugar en el que todavía se recuerda Anfield o Roma. El trauma de empezar a escuchar ese precioso himno de la Champions y darte cuenta de que no estás en casa, ganar esta Copa Linda es conquistar territorios.

Suéltense y disfruten, joder, que son muy buenos. Déjense llevar. 

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