Y líbranos del mal.

Las Ligas se ganan obteniendo la victoria en partidos insulsos como los de anoche, de esos que no le apetece jugar a nadie, sin alicientes, contra un rival muy inferior y un jodido Martes de finales de Octubre en el que todavía no nos hemos acostumbrado al cambio de horario. Son encuentros jugados al trantrán, de los que hemos visto siete mil y que aunque acaben en goleada no evitan el bostezo. Escribiré esta crónica tardía por Leo Messi, porque es lo único que puede dar brillo a esta serie de castastróficas desdichas anteriormente citadas.

Un tema que me tiene especialmente mosca, es el lugar que ocupa Antoine Griezmann en el club. Ya no en el campo, que no es el correcto, sino en la entidad. Celebré la titularidad de Ansu Fati, pero no hay derecho a que Grizzi siempre sea el damnificado de los tres de arriba por imperativo divino. Máxime cuando Luis Suárez protagoniza acciones que dan verdadera angustia sobre el césped, propias de un búfalo tropezando en un lodazal. Nunca defenderé tampoco, las titularidades de Arturo Vidal, aunque siempre sea mi bandera en los partidos que salga como revulsivo. Porque el chileno es un agitador, y esto es el Barça. No conviene olvidarlo.

Griezmann-in-trouble-...-hard-hard-to-be-a-rookie.imgTodavía no me había sentado en el sofá, ni mucha gente en sus localidades de un Camp Nou semivacío, cuando Clement Lenglet inauguró el electrónico de rebote. El Barça se ponía en ventaja casi sin proponérselo, con un gol horrible digno de un partido liguero de Martes. El Valladolid, que salió valiente, empató pronto. Porque no hay encuentro de este club en el que no se haga el ridículo en alguna acción defensiva. Otro gol de churro, de un tal Olivas, la velada no hacía más que mejorar.

Leo Messi tuvo que ser consciente de esto porque en esos momentos cogió el balón, ese que todos tocan pero que solo a él pertenece. Merodeó por el balcón del área y metió un pase al corazón de la misma para la llegada de Arturo Vidal desde segunda línea. El balón que salió de la bota del astro argentino tuvo tal precisión que rayó la obscenidad. Otro insulto a las leyes terrenales, que Leo Messi domina a su antojo, fue el tercer gol del encuentro. Un tiro libre lanzado desde un poco más lejos del lugar en el que Cristo perdió el mechero, la pelota realizó una parábola perfecta y se coló lamiendo el palo de la portería de Masip. Tras el golpeo, Leo corrió a celebrarlo con una media sonrisa que escapó de sus labios. Una sonrisa de jugón. Una sonrisa del que sabe que es un hijo de puta.

 

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Tras la reanudación todo siguió igual. Arriba Ansu Fati acelerado y Luis Suárez descordinado. Abajo bostezos de los centrales, porque el Valladolid ya había entregado las armas. Y por todo el campo, Leo Messi haciendo lo que le salía de los benditos cojones. Perdiéndole el respeto a la gente a base de caños y pinceladas al balón que pagan la entrada a un partido de fútbol. El hijo de Jorge y Celia María todavía quería más, y volvió a convertir en arte un balón de Rakitic, el croata olvidado para la causa. Si bello fue su tanto de falta, los dos movimientos con los que domó el esférico en su segundo gol se salen de lo común. El control con la rodilla, que parece fácil, es exquisito y la definición de auténtico matador. Dos toques y la noche del Martes ya había merecido la pena.

En los minutos finales, además de fallar doscientos dieciséis goles, Luis Suárez metió su gol a pase de Leo y tuvo lugar una acción que me enervó profundamente. Antoine Griezmman se pegó un sprint brutal en el descuento, en un claro gesto de integración y de formar parte de este bendito club, pero el uruguayo prefirió frenar la jugada a darle el pase de la muerte a su compañero. Me da la sensación de que nadie quiere jugar para Grizzi y siento una impotencia terrible, porque creo que el chaval está poniendo todo de su parte. Se le está obligando a jugar en una posición que no es la suya, corre como un pollo sin cabeza y aun así no son capaces de pasarle un balón en condiciones. Lo llevo avisando en cada escrito, Antoine Griezmann es un auténtico escándalo de jugador y no quiero que se eche a perder por las actitudes infantiloides que sufre.

Dicho esto, me quedo con Leo. El único futbolista del mundo que hace que los Martes por la noche sentarse delante de un televisor a ver un Barça-Valladolid valga para algo.

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