Viento del Norte.

“Pero hay un remedio en esta casa,
no fuera de ella, no, no venido de otros, sino de ellos mismos
en su pugna sangrienta.

A vosotros clamamos,
oscuros dioses que habitáis bajo la tierra.

Escuchad con atención, dichosos poderes subterráneos,
responded, enviad ayuda.
Amparad a estos muchachos, concededles la victoria ya.”

Este nuevo formato de Copa del Rey dignifica el fútbol, su implantación era tan necesaria y evidente que el único motivo para no llevarla acabo era el poco tirón económico/mediático que tendría una final como previsiblemente vayamos a tener esta campaña. Aquellos a los que se les ha vendido el alma por un buen puñado de euros estarán frustrados ya que no tendrán su final soñada, que se jodan. Mirandés, Granada, Real Sociedad y Athletic han hecho disfrutar más a sus aficiones de lo que nunca podrán llegar a soñar esos señores con los bolsillos llenos de petrodólares. Ojalá la próxima temporada también cuente con unas semifinales a partido único, que se incentive esta maravillosa locura, que no se de ni un paso atrás para apagar el fuego que pudimos ver en Anduva, Los Cármenes o San Mamés y que traspasaba la pantalla de la televisión. No dejemos morir los pocos rescoldos de fútbol auténtico que todavía se empeñan en aflorar, apostemos por el romanticismo.

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Hubo una frase de Quique Setién, en la ejemplar rueda de prensa que dio antes del partido en la Catedral, que me llamó sobremanera la atención porque me pareció tremendamente poética. “A mí me empuja el viento del Norte que es muy fuerte y no me caigo. Mi vida nunca ha sido fácil”, soltó tras las innumerables preguntas sobre la supuesta guerra interna que se vive dentro del club. Precisamente, ayer nos tumbó ese viento del Norte, pero yo siempre estaré en el barco de una persona que se enfrenta a las adversidades como lo hizo Quique en rueda de prensa. Aislando a los suyos y concentrándose en el fútbol, que al fin y al cabo es el motivo por el que será valorado. Me da pena por momentos, porque este proyecto necesita un tiempo del que ahora mismo el Barça carece. Setién se debe sentir como yo cuando era pequeño suplicando cinco minutos más antes de levantarme de la cama para ir al colegio, y me encontraba irremediablemente con el fuerte sonido de las persianas al abrirse violentamente provocado por mi madre. Rabia, impotencia y golpe de realidad a modo de rayos de sol cegadores. Eso fue lo que vivió anoche el Barça en la Catedral.

Comenzó el choque eléctrico, con una actitud por parte de los culés que hacía tiempo no se veía fuera de su feudo. Con Sergi Roberto como extremo derecho en detrimento de Griezmann. Ansu Fati tuvo dos ocasiones claras al inicio, pero no entraron. El gol al final es lo que le da empaque a todo, sirve para tapar y también para cargar de argumentos tu idea. A pesar de la asfixiante presión de los Leones, el Barça sacaba la pelota de manera impecable exceptuando algunos errores puntuales de Ter Stegen. El equipo fue reculando y el Athletic terminó la primera parte mucho mejor de lo que la empezó, ayudados en parte por la afición y en parte por el irrisorio rasero arbitral de Martínez-Munuera.

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En el segundo tiempo, empezamos a ver al Frenkie De Jong que nos prometieron. En el Ajax, su casa, no tenía miedo alguno y volaba por el verde sin cadenas. La camiseta blaugrana todavía le pesa, algo normal por otra parte, por lo que debe trabajar para reencontrarse consigo mismo y cabalgar sin miedo como antaño. Ayudará alinearlo en su posición y facilitarle la llegada al área, ajustes que seguro llegarán. Frenkie tuvo la primera de la reanudación tras un pase magistral de Leo Messi, pero le faltó confianza en sí mismo y acabó con tarjeta amarilla por simulación. En el minuto sesenta salió Griezmann por Fati y comenzaron los mejores minutos del Barça en San Mamés. Los Leones empezaban a acusar el cansancio mientras que a los culés se les veía mucho más frescos de piernas y cabeza. Antoine comenzó a regalar desmarques y paredes al primer toque, por lo que todo comenzaba a ser más fluido.

En esos minutos decisivos de encuentro, en los que la moneda se puede decantar por cualquiera de los dos equipos, llegó el penalti no pitado a Frenkie De Jong. Acción que no tiene excusa con el VAR, esa herramienta tan maravillosa que los ineptos árbitros españoles todavía no han aprendido a usar. Aún así el Barça no cejaba en su empeñó, Jordi Alba tuvo varias jugadas con las que demostró el paupérrimo nivel que posee actualmente. Ahora el lateral izquierdo ya no es capaz ni de hacer la clásica jugada con el “10” que tanto crédito le dio en su momento, si ya ni Jordi Alba sabe hacer el único movimiento útil de Jordi Alba apaga y vámonos. Las dos más claras del partido fueron del Barça, pero Unai Simón demostró proceder de la estirpe del mismísimo Iribar y honró a los innumerables porterazos que saca año tras año Lezama. Griezmann y Leo Messi se toparon con los pies del portero del Athletic, a pesar del mérito del arquero esas ocasiones deben ir para adentro ya que como se comprobó más adelante nos acordamos de ellas. Fui consciente de que habíamos perdido la eliminatoria tras ver la reacción de Leo Messi después de fallar la ocasión más clara que tuvo, con las manos en la cabeza ya vislumbraba que en la portada de todos los diarios matinales figuraría su instantánea cabizbaja y sombría que apareció en Roma o Anfield.

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Tras ese error, llegó el drama. Lo único que puede tumbar a un equipo que ha jugado mejor, pero que lucha contra mil y una adversidad. Un grupo de personas que están inmersos en una dinámica negativa, de esas en las que por mucho que hagas no tienes escapatoria. Si tiene que salir algo mal, lo hará. Antes o después. Un balón colgado en el minuto 93, puto minuto, fue peinado por la pantera Williams, quien reclama Selección con cada galopada, y supuso la eliminación copera. El viento del Norte salió de las gargantas de los miles de aficionados bilbaínos que abarrotaban la Catedral, y nos tumbó.

En este punto me gustaría mencionar a dos tipos de aficionados acomplejados que se mofaron ayer de la derrota culé. Unos son los del Madrid, a los que por lo menos entiendo ya que sintieron un alivio terrible tras la derrota blanca y la milonga que es Zidane. Otros, los atléticos, que fueron eliminados por un Segunda B y que están luchando por meterse en Europa League esta temporada. A esos últimos, como reza su slogan: no los puedo entender. Queda Liga y Champions, algo que parece imposible a estas alturas. Este Barça necesita el tiempo y la confianza que solo le pueden dar las victorias, entonces todo se verá de otro modo. Fe, trabajo, y por favor, cinco minutos más.

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