La conjura de los necios.

Supimos ganar por la mínima, sufrir, salvar y fallar goles cantados, desarbolar las férreas tácticas de este monumento al fútbol que es el Getafe de Bordalás, sacar el balón desde nuestra área, jugar a algo que parecíamos haber olvidado y antaño nos situó a la vanguardia del fútbol mundial, meternos en el barro… En el partido contra el Getafe en el Camp Nou, el Barça supo hacer innumerables cosas buenas. Todos y cada uno de los jugadores que vistieron la zamarra blaugrana durante la pasada tarde del Sábado, así como el cuerpo técnico estuvo a la altura de esta institución, algo que no pueden decir los aficionados que se dedicaron a silbar durante algunos tramos del encuentro desde sus localidades que para mí no merecen. No apetece que el proyecto de Quique Setién triunfe, y quizás sea esa la razón por la cual estoy cada vez más convencido de su éxito.

Al Camp Nou llegaba, no lo olvidemos, el tercer clasificado de LaLiga. Un equipo de autor, intenso, duro y con las ideas muy claras. Quizás lo más parecido al Atleti primigenio del Cholo Simeone, ese que estaba forrado de gladiadores. Los azulones salieron sin miedo a nada, con la línea defensiva totalmente adelantada y realizando unos marcajes individuales que fatigaban hasta viéndolos desde el sofá. Ante todo eso, Setién volvió al 4-3-3 con Busi-De Jong-Arthur en el centro y Umtiti acompañando a Piqué, prescindiendo de Semedo y alineando al joven Fati junto con Leo y Antoine arriba. Para el que les escribe, es la mejor alineación que el Barça puede sacar en esta parte de la temporada. Es lo que tiene, no hay más y debe morir con ello. El encuentro comenzó eléctrico y con ambos conjuntos buscando instalarse en el campo al tiempo que asentaban sus roles. Los perros de presa de Bordalás, mordían tobillos blaugranas y ante eso únicamente quedaba la opción de meter pausa tocando el balón de un lado a otro esperando que llegase el momento justo para la estocada en forma de pase que abriera la defensa. Como en el Barça de Guardiola, marear hasta el límite para asestar el golpe de gracia a un rival ya atontado.

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Busi, quien dio un máster de colocación, pausa y tempo del pase, regaló el primer gol a Messi que no estuvo certero frente al cancerbero azulón y su vaselina quedó en un intento. Antoine derrochando genio y regalando desmarques, a la vez que Ansu Fati driblaba como un puñal, comenzaban a desquiciar a la defensa del Getafe. En esos instantes, los mejores del Barça hasta entonces, se rompió Jordi Alba. Esa rotura pareció afectar a los cimientos del equipo que amenazaron con desmoronarse. Llegados al ecuador de la primera mitad, Nyom empujó el balón dentro de la portería culé tras una excepcional intervención de Marc André Ter Stegen. Lo que se supo después, es que el zaguero azulón previamente quiso quitarle un empaste a Umtiti por lo que el gol se anuló tras la revisión del VAR. No quiero ni pensar en lo difícil que habría sido de roer ese hueso yendo por detrás en el marcador.

Leo, sabedor en cada momento de lo que necesita el equipo de su persona, comenzó a recibir el balón más abajo. Lo amasó, ante las embestidas azulonas que buscaban la precipitación, le dio pausa y lo guardó. Y claro, desquició a las fieras que entraron de lleno en su sutil provocación. Merodeaba por el balcón del área el “10” en el momento en que recibió un pase de Umtiti, y con un ligero toque plantó a Antoine Griezmann frente al portero del Getafe. Él y su privilegiada visión panorámica ya habían intuido el fenomenal desmarque del francés mucho antes de que ocurriese. Si la asistencia fue de una delicadeza inusitada, que se puede decir del toque de Antoine para batir a Soria. Picó lo justito la pelota con un la punta de su bota izquierda, esa zurda de seda que tiene una clase y elegancia que el resto de los mortales no podemos llegar a imaginar. En el escorzo del galo previo al remate reside la belleza de ese deporte, en ese giro de cadera me podría quedar a vivir. Un toque de gracia muy de Romario, que sirvió para adelantar a los culés ante uno de los mejores equipos de la competición.

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A raíz del primer gol, el Barça se soltó y comenzó a jugar los mejores minutos desde que Setién ocupa el asiento del banquillo culé. Firpo, que entró por el lesionado Alba, comenzó a recordar a aquel lateral del Betis y se desplazaba con soltura por toda el ala izquierda del ataque blaugrana. En una de esas jugadas, iniciadas por Messi, llegó hasta línea de fondo y puso un balón tenso para que Sergi Roberto ajusticiara a David Soria. El de Reus, para mí, le da veinte vueltas a Semedo, el atribulado lateral luso. La primera mitad llegó a su fin con un cabezazo imperial de Leo Messi que conectó tras un centro de Antoine Griezmann obcecado en devolverle la asistencia de gol a su socio más apreciado dentro del verde. El portero azulón impidió que ese balón entrara y que los culés llegaran a los vestuarios todavía más pletóricos.

Reconozco que pequé de iluso, ya que al inicio de la segunda parte pensaba que el partido estaba más que ganado. Graso error que demuestra mi ignorancia en lo que se refiere al pundonor, carácter y osadía de este maravilloso Getafe que siempre vendió tremendamente cara su piel. El encuentro entró en una fase en la que no ocurría nada, el Barça no mataba y parecía que el Getafe no quería vivir. Bordalás movió ficha y se la terminó de jugar introduciendo a Ángel en el terreno de juego. Ángel, sí, ese nueve que tanto agradecería el Barça y que demostró lo alejados que están del fútbol todos aquellos que se mofan de su figura nada más salir al campo. Conectó una preciosa volea con el interior de un centro que venía llovido de banda. Sacó petróleo de la nada y permitió a su equipo la ilusión del empate. Ese es Ángel. GOL. No es más, pero tampoco menos.

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Tras el 2-1 había que ver como reaccionaban ambos conjuntos, el Barça lejos de acocotarse como habría hecho con el Txingurri en la banda, comenzó a generar peligro de nuevo. El Getafe siguió a lo suyo, empeñándose en hacernos ponernos en pie y quitarnos el sombrero. Ángel, el muy cabrón, se podía haber ido perfectamente con un doblete del Camp Nou si en la portería no hubiera estado Marc André Ter Stegen quien es el mejor portero del mundo y el mejor portero que este club podía tener. El arquero alemán paró el tiempo al detener un disparo a bocajarro del ariete canario, manteniendo la mano dura con el esférico dando vueltas en ella. Todo eso con una serenidad propia de alguien que lleva la mayor parte de su vida haciendo milagros entre los tres palos de una portería.

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Llegó el sufrimiento, pero también supimos doblegarlo. No las tenía todas conmigo, porque cuando vi las dos ocasiones que falló Antoine Griezmann con su pierna menos buena pensé que ya la habíamos jodido. Pero como bien dijo el francés tras el partido, viene bien sufrir. Guerrero y poeta a partes iguales, mármol y seda. Pitó el árbitro el final dejando tres puntos de oro en la saca culé, ante un rival más que digno. Hay mucho trabajo por hacer, pero se está haciendo. Un consejo, si tienen el privilegio de ir al santuario culé no silben a personas que están intentando hacer su trabajo de la mejor manera. Ellos buscan tu alegría, que grites un gol con éxtasis y te emociones. Ya habrá mucha gente desde fuera que intente tirar mierda, no lo hagas desde dentro porque todavía hace más daño. Sean más inteligentes que los necios que les quieren arrastrar a sus conjuras.

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