Subsistir.

Me cuesta escribir sobre lo que presencié anoche en San Paolo. Una crónica se escribe sola en estado de euforia o cabreo máximos, o lo que es lo mismo, en el momento en que suceden cosas. Prometí realizar una comparación entre astros argentinos, pero es que no procede. Masticado y digerido el partido del Barça en el mítico estadio del Napoli tengo las mismas sensaciones agridulces que cuando el árbitro pitó el final. Se pueden resumir en las palabras que Leo Messi usó para radiografiar la actual plantilla: “con ésto que tenemos actualmente no nos da”. Venceremos, pero no convenceremos. Limitarse a sobrevivir.

La alineación que presentó Quique Setién estaba bastante clara, entre otras cosas porque tenía que elegir a once jugadores de entre doce del primer equipo disponibles. Algunos pedían un equipo más ofensivo y yo mismo manifesté que era una alineación Valverdiana, pero también es justo recordar que estamos ante una eliminatoria a doble partido con la ida fuera. Ojo, no dejemos atrás la lógica y nos volvamos locos sin que medie motivo. Los primeros minutos de encuentro fueron soporíferos, pero vistas las últimas actuaciones del equipo culé en Europa hasta me sorprendió llegar al minuto quince sin descalabros. Este Barça no salió a ganar a San Paolo, pero jugando así no habría perdido en Anfield o Roma. Quizás esta temporada y con los jugadores disponibles hay que contentarse con no perder e ir sobreviviendo a las eliminatorias, quien sabe. Con todo, el plan de Setién le venía de perlas a Gattuso ya que su Napoli defendía como tantas y tantas veces le han defendido a la Selección Española post-Mundial o al Barça de Guardiola. Si el contrario defiende con diez atrás tú no puedes ocupar espacios, sino que debes entrar y salir de ellos. Aparecer, que no permanecer. Firpo, Semedo, Arturo Vidal o Rakitic, lo único que hacían era embotellar más la zona y hacer imposible crear peligro entre un enjambre infinito de piernas. La única solución que se encontraba de vez en cuando era un centro al corazón del área, algo que Antoine Griezmann (176cm) y Leo Messi (170cm) agradecían enormemente. Nótese la ironía.

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Bordeando la media hora de encuentro llegó el gol del Napoli obra de Dries Mertens, un jodido jugón infravalorado de la factoría belga que puso el balón lejos del alcance de Ter Stegen. La jugada comenzó con las dudas de Junior Firpo, que es un lateral que no tiene nivel para jugar estos partidos con la zamarra culé, y con la pasividad de Nelson Semedo a la hora de marcar al puñal napolitano. Sin merecerlo, los de Gattuso se adelantaban en el marcador y visto lo visto yo firmaba ese resultado con sangre para la vuelta. Los blaugrana, de amarillo en San Paolo, siguieron jugando al balonmano hasta que el árbitro pitó el final de la primera mitad señalando el camino a vestuarios previo susto de Manolas. Vade retro.

El partido pedía a Arthur y Ansu en clave culé, el partido lo pedía y los aficionados culés lo exigíamos. A pesar de ello, salieron al verde los mismos onces pensando en que estos partidos son de 180 minutos. Miento, ingresaron idénticos jugadores pero con una actitud muy distinta. Presionando, con más movilidad y mordiente. Algo que junto al cansancio de los italianos contribuyó a ver el gol más cerca, a pesar de que todavía no se había puesto a prueba a Ospina. Llegó en los primeros minutos de la reanudación una jugada que sería clave para la vuelta, ya que Busquets recibió la amarilla que le causaba suspensión y Mertens abandonó el campo lesionado. Dos bajas muy significativas de cara al encuentro del Camp Nou.

Precisamente fue Busi, que con Setién está recordando al mediocampista que fue en una época ya lejana, quien consiguió derribar el muro napolitano. Filtró un maravilloso pase a Semedo, que esta vez se incorporó a la perfección, y el lateral luso sirvió de primeras a Antoine Griezmann para que éste perforara las redes de San Paolo al primer toque y con su pierna mala. El principito, que ayer trabajó como un cosaco y generó continuamente desmarques que sus compañeros no veían, ya lleva 14 goles y 4 asistencias, muchos de ellos decisivos como el que logró anoche en la tierra del Diego. Me sorprendió su fría celebración, que quizás se deba al hastío que le produzca intentar jugar al fútbol en una posición desconocida y el esfuerzo de ser capaz de llegar al punto de penalti libre de marca cuando vienes de cubrir el lateral izquierdo. Antoine Griezmann, guerrero y poeta, sacó anoche petróleo con una cuchara.

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Todo había cambiado desde la entrada de Arthur, hasta De Jong parecía quince años más joven. Llegó una fase del partido que antaño era fatídica para este Barça, en la que el equipo local se volcaba y los culés no daban a basto a achicar. Sin embargo, en San Paolo, los de Setién llegaron mejor físicamente y redoblaron la presión adelantada sobre los de Gattuso. Eso me gustó, es la rebeldía del que se ve medio muerto. Antes de que tú me jodas, te joderé yo. Ambas escuadras pudieron desnivelar el marcador a su favor, pero los guardametas se mantuvieron férreos. Cuando todo parecía acabado, llegó la hora del Barça de saldar la deuda con el Dios fútbol. Esta deidad nunca da tanto por tampoco, y los culés tenían que responder por cosechar un gran resultado a cambio de nada. Por lo que Piqué se retiró lesionado con un esguince en el tobillo y Arturo Vidal decidió expulsarse para la vuelta. Es posible que lleguemos al Bernabéu con una defensa compuesta por Firpo-Umtiti-Lenglet-Semedo y que el 11 de Marzo, día en que se juega la vuelta de octavos, a todo el que vaya a la Ciudad Deportiva con una camiseta del Barça tenga opciones de ir incluido en la convocatoria. Gracias a la planificación que, como dejo entrever Busquets tras el partido, ha sido una tremenda mierda.

Resultado inmejorable para lo visto sobre el césped y por ser una eliminatoria europea fuera de casa. Sensaciones agridulces y pocas certezas, vamos quemando efectivos. Próxima visita al Bernabéu, y nos vale hasta una derrota que solo nos pondría un punto por detrás. Debemos estar juntitos, partido a partido, sobreviviendo y esperando suerte en los cruces o desgracias del rival. Pensar otra cosa es engañarse, tenemos a doce tíos disponibles en la plantilla. Con ésto no da para más, palabra de Dios.

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