Volver.

Sentenció Víctor Hugo que la melancolía no es otra cosa que la felicidad de estar triste, en ese sentimiento me regodeo durante estos días huérfanos de fútbol. Devoro un vídeo tras otro de los mejores encuentros o momentos de la pasada década culé, me parece mentira todo el fútbol que mis ojos vieron en aquellos tiempos y la gran cantidad de fragmentos que minusvaloré porque quizás pensé que nunca faltarían. Observo boquiabierto jugar a Xavi, Andrés, Cesc, Dani Alves o Neymar, porque eso sí era jugar. Divertirse. Maniatar al rival a su antojo, dominar tiempo y espacio. En definitiva, maravillar. Tuvo que pasar el Tata con su polo verde pistacho, para que muchos pusieran un poco en valor a uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos como lo es Pep Guardiola y abrazaran con nostalgia la promesa que suponía el retorno del Lucho a nuestras vidas. A veces debemos perder la identidad, para acordarnos de que teníamos una. Prefiero no ganar títulos con Xavi en el banquillo, que atiborrarme a Ligas con Valverde al mando. Llámenme melancólico o gilipollas, pero es lo que siento.

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Diez años son una eternidad en el mundo del fútbol, es cierto que ahora quizás sea más difícil sorprender a cualquier rival o que estés mucho más estudiado, pero eso no dejan de ser excusas. Yo veo al equipo de Guardiola o al de Luis Enrique y además de tener a algunos de los mejores jugadores de la historia del Barça, poseían algo más importante. Un plan de juego, una identidad, orgullo y raza. Tiranizaban al rival con el esférico de por medio, y eso es algo que se puede volver a conseguir porque que yo sepa todavía se juega con una pelota a este deporte. Todo tiene que girar en torno a ella y a lo que le de la gana de hacer a Lionel con ese pedazo de cuero. Lo más parecido al fútbol total que vieron mis desagradecidos ojos de entonces, vino de la mano de Pep. Implantó una idea e hizo mejor a unos jugadores ya de por sí legendarios, pero que carecían de rumbo. Muchos tratan de desprestigiar a Guardiola diciendo que era fácil ya que contaba con esa gran generación, olvidándose de que para esos futbolistas también era tremendamente sencillo ya que “pertenecían” al genio de Santpedor. Volaban. Físicamente eran puñales, pero psicológicamente eran libres. La alegría se palpaba a través de la televisión ya que los jugadores se divertían porque cada uno realizaba su plan a la perfección. Tienes que ser una orquesta perfectamente engrasada, para hacer que algo jodidamente difícil parezca fácil. Que un plan maestro, que era cada partido planteado por Pep, pareciese que acababa saliendo bien casi sin querer. Joder, si hasta acabamos aborreciendo las manitas que jornada tras jornada se acumulaban en el Camp Nou antes de llegar al descanso.

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Esa época no volverá, porque los que formaban parte de ella ya no están y a los que todavía quedan ni se les espera. Pero no está todo perdido. La plantilla actual del F. C. Barcelona es tremenda, con unos pequeños retoques y con las directrices correctas volvería a ser intocable. Aunque hay dos factores muy importantes que no radican simplemente en el césped, uno es el vergonzante estado de sus gobernantes y otro está instalado en las cabezas de todos y cada uno de los jugadores que estuvieron presentes en las debacles de Roma y Liverpool. Hay estigmas que deben extirparse de raíz o siempre volverán a hacerse sólidos, es una época ideal para ser valientes. Abrir las ventanas y que entre aire fresco en forma de jugadores de la Masía, que mezclen con los veteranos de tantas gloriosas batallas. Precisamente para eso, para que los que vienen de abajo sepan que existieron. Que hasta hace poco tiempo, el Barça jugaba al fútbol además de practicarlo como hace ahora a duras penas.

Me desgarra que como club, no estemos a la altura de darle a Leo Messi una retirada a la altura de su figura o que el Barça de Pep y Lucho parezca cada vez más una quimera. El comienzo del relato que quizás algún día le contemos a nuestros hijos o nuestros nietos, cuando nos quieran meter por los ojos a la estrella que esté de moda. Y nos miren como miraba yo a mi padre, entre la ternura y el temor de que pudiera estar perdiendo la cordura, cuando me contaba que Andoni Goikoetxea era bastante mejor defensa que Maldini. luis-enrique-barcelona-psg-uefa-champions-league-08032016_2rw8exbbdoiy1eo4bmz0gc3ro.jpg.

 

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