Roma.

“Roma vale la vida de un hombre bueno. Una vez lo creímos, creámoslo de nuevo. Él era un soldado de Roma, honradle.”

Él nunca fue un Emperador, como se empeñan algunos en llamarlo, porque nunca quiso serlo. Roma siempre ha odiado a los hombres poderosos, porque la mayoría de ellos nunca han formado parte de la ciudad que ansiaban gobernar. Francesco Totti no buscó conquistar Roma, porque él era Roma. Francé, como es conocido por su gente, reside en los corazones de todos y cada uno de los tifosi que lucen orgullosos a la Lupa en el pecho. El mayor homenaje que se le realizó al eterno capitán de la Roma no se encuentra en ningún museo, ni fue pintado por ningún apreciado artista, a Totti lo inmortalizaron para siempre unos ragazzi con cuatro botes de pintura durante una madrugada furtiva en Rione Monti. Ese mural que tanto profanan los seguidores de la Lazio y que el mismo Francesco no puede visitar por miedo a provocar una avalancha humana. Tiene que doler no poder pasear por los barrios en los que has crecido y que llevas en las venas, debido a la admiración que despiertas. Eterno, como su ciudad.

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Murales Totti.

 

Hoy hace 1.096 días que Francesco Totti esperaba sentado y con la mirada perdida en una fría escalera del túnel de vestuarios del Olímpico de Roma a que alguien anunciase su nombre por la megafonía para salir por última vez vestido de corto y con las medias bajadas con ese estilo que le caracterizaba a su Coliseo particular. ¿Qué pasaría por su mente en esos instantes? Quizás el sonido de los golpes en la puerta de los agentes del Milan que quisieron robarlo de manera feroz, o tal vez la voz de su madre mandando a tomar por culo a cada agente que osara llamar a la puerta, a lo mejor la primera vez que olió el césped del Olímpico, o el instante en el que le espetó con arrogancia a Dino Zoff que haría er cucchiaio en el penalti decisivo de la tanda para pasar a la final de la Eurocopa allá por el año 2000…

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Totti el día de su despedida.

Caminó emocionado, arrogante y erguido hacia el centro del campo con la maravillosa banda sonora de la película “Gladiator” retumbando por todo el estadio. Hasta parece que Francé alarga sus dedos para acariciar espigas de trigo imaginarias, como Máximo Décimo cuando es consciente de que su final le aguarda cercano. Cuánto amor has tenido que llegar a dar, cuántas alegrías has tenido que repartir, cuantas gargantas te has atrevido a enmudecer afónicas de placer al gritar esa mágica palabra de tres letras, para que más de setenta mil personas lloren desconsoladas tu pérdida. Francé, se acercó al centro del campo rodeado de su familia para dedicar unas últimas palabras a su desconsolada afición ya huérfana del héroe que tanto amaron.

Entre lágrimas nos recordó a todos su grandeza, pero sin ensalzarla. Maldijo al tiempo, porque es un bastardo. Cuando quieres que pase rápido el hijo de puta se regodea en tu miseria y si te ve disfrutando, pasa fugaz. Fue el paso del tiempo el que le dijo que su cabeza ya iba mucho más rápido que su cuerpo, que para las jugadas que tenía en su mente ya no tenía piernas. Debe de ser frustrante y aterrador, tanto que Francesco Totti suplicó ese día a todos sus seguidores que le permitiesen tener miedo. Dedicó su carta a toda su afición, a la Curva y sobre todo a los niños que ese día perderían un capitano pero ganarían un referente.

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Francesco emocionado.

Tras esta despedida en el campo, escribió una carta en la que intentó plasmar las palabras que no consiguió hacer brotar durante su despedida en el Stadio. Francé intentó describir lo que significaba para él la Associazione Sportiva Roma, explicarle a aquellos necios que ponen algo tan insignificante como el dinero o los títulos por encima del honor o tu escudo y que son tan ignorantes como para no entender como Totti nunca fichó por otro club. Acabó la carta sentenciando que “Roma es mi familia, mis amigos, la gente que amo. Roma es el mar, las montañas, los monumentos. Roma, por supuesto, son los romanos. Roma es el amarillo y el rojo. Roma, para mí, es el mundo. Este club, esta ciudad, han sido mi vida. Siempre.”

Para mí, Roma es Francesco Totti. 

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