Confinados.

A ver que cojones escribo yo, después de presenciar esta soberana ruina de partido que ha tenido a bien brindarnos el Barça. La culpa es nuestra por pedir que regresase el fútbol, yo creo que ya no nos acordábamos de estos tediosos partidos de trámite entre semana que suponen una tortura inmensa para todos. Tampoco me quiero poner cenizo, ni crítico en exceso, porque tampoco me apetece y sería exagerar algo que ya pasaba incluso en la mejor época de Guardiola. Prometo esforzarme, más que alguno de los jugadores que hoy han estado en cuerpo en un Camp Nou tan vacío como muchos de ellos mismos. Hace tres meses que no se compite, que se ha perdido el alma del fútbol que son los aficionados o que en estas fechas los jugadores no están acostumbrados a realizar esfuerzos, pero esto es lo que hay y es lo que hemos aceptado así que no podemos dejar que las excusas nos devoren porque estos nueve partidos no van a hacer prisioneros. Cualquier partido a priori cómodo, se te puede complicar en dos acciones. Porque tú te puedes jugar el campeonato, pero el otro pelea por su pellejo. Además de ser teóricamente mejor que tu rival, debes demostrarlo o al menos parecerlo. Y esta noche, únicamente tres jugadores del Barça han conseguido que por momentos hasta me olvidase de la porquería de encuentro que mis ojos y estómago se estaban esforzando en digerir.

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Para mí, lo mejor del encuentro fue precisamente lo que ocurrió justo antes del mismo. El homenaje que el club realizó a todos los afectados por la pandemia y a los que todavía se juegan la piel para contrarrestarla, parte de la orquesta del Gran Teatre del Liceu de Barcelona interpretando ‘El cant dels ocells’ mientras los protagonistas guardaban un respetuoso minuto de silencio en el círculo central del terreno de juego. Sin duda alguna, lo más bonito y sobrecogedor que veríamos en toda la noche. Poco después empezó el fútbol, comenzando a ir todo cuesta abajo… La primera ocasión clara del encuentro llegó a los diez minutos y, sorpresa, fue del Leganés. Tras una contra y un error en la defensa del Barça tirando el fuera de juego, la jugada continuó y Clement Lenglet tuvo que sacar bajo palos el tiro del atacante pepinero. No contentos con este susto y todavía con la caraja en el cuerpo, los culés concedieron otra clarísima oportunidad al cuadro de Aguirre que bien pudo colocarse con una ventaja de dos goles antes del cuarto de hora de partido. Y si la circulación de los hombres de Setién ya estaba enfangada, no os quiero contar como se hubiese puesto el panorama si le añadimos la precipitación de tener que marcar tres goles para conseguir los tres puntos.

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No había velocidad en los pases, ni suficientes movimientos de ruptura en el ataque. Anoche quedó demostrado que la pareja de mediocentros De Jong-Vidal, le da mil vueltas al Arthur-Rakitic que nos quiso hacer tragar el técnico cántabro. Allá por la media hora de encuentro y tras la pausa de hidratación, que dígame usted a mí la hidratación que se necesita en Barcelona a veinte grados a las 22:30 horas de la noche, Leo Messi tomó la decisión de retrasarse para comenzar a mover los hilos del encuentro que estaba tomando un turbio cariz. Cuando esto ocurre es que algo malo pasa o, mejor dicho, que directamente no pasa nada. El astro argentino, quien está en constante análisis del juego y mapea el encuentro a las primeras se cambio, suele ser el primero en darse cuenta de que las cosas no funcionan. Y ya sabemos que no hay nada mejor para que las cosas salgan a tu gusto, que ponerte a hacerlas tú mismo. Los primeros pases comenzaron a filtrarse y Antoine Griezmann pareció que por fin podría comenzar a relamerse, no se podía creer que tras realizar mil ciento doce desmarques de ruptura hubiese tocado cinco veces el balón durante la primera mitad. Lo del francés es conmovedor, no puede hacer más por adaptarse y se lo pagan tratándolo como al chico nuevo que llega a tu clase en Septiembre al que detestas antes de hacerte su amigo inseparable cuando está a punto de acabar el curso. Un campeón del mundo que era la alegría de la huerta y al que hemos amargado entre unos y otros, también él ha puesto de su parte ya que partidos como el de hoy no le ayudan en absoluto. Ya finalizando la primera parte, justo cuando el sopor me invadía, Ansu Fati soltó su latigazo entre un bosque de piernas. Refrescante como ese trago de agua helada que te pegas a las cuatro de la mañana y que te hace levantarte de la cama en las bochornosas noches de Agosto. Este criajo es de los que tiene estrella y algo muy importante de lo que carecen muchas joyas emergentes que copan portadas sin merecerlo, GOL. No es fácil aparecer en estos partidos horribles, ya no os cuento ser el que protagonice el único peligro de tu equipo, pero si aun encima te encargas de marcar goles decisivos es que tienes un gen que es imposible entrenar.

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Llegamos al descanso con ventaja, algo que el equipo aprovecho para jugar todavía más con el resultado en la segunda mitad. Los culés salieron a que pasase lo menos posible, para poner la puntilla al Leganés cuando cayeran en el agotamiento de perseguir balones estériles. Setién realizó los primeros cambios y sacó del campo a Sergi Roberto y a Ansu Fati, al primero porque lo quiere de titular en Sevilla y al segundo porque Suárez tenía que jugar unos minutos y Griezmann no podía ser de nuevo el sacrificado. Quique es inteligente, sabe que Ansu tiene todo el tiempo del mundo y que al Principito cada vez le va quedando menos. El francés, al que le ruego a los dioses que no sea otro Ibra o Coutinho de medio pelo, agradeció la confianza del técnico metiendo un gol que posteriormente fue anulado.

Era necesario ampliar la distancia en el marcador, para evitar cualquier susto desagradable en alguna jugada aislada. Leo lo supo, y actuó en consecuencia. Comenzó una endiablada conducción desde el centro del campo sorteando a todos los rivales llevando el balón cosido a la bota y con el gol cosido entre ceja y ceja. Messi es un perro, regatea y si falla rebotea, siempre se queda con el balón. Tras una sucesión de tarascadas que aguantó, decidió tirarse en el área y el árbitro pitó penalti inexistente que el astro se encargó de transformar para ahorrarnos el bochorno de sufrir durante los últimos minutos. Los veinte minutos restantes estuvieron protagonizados por un muchacho que a poco que le den bola demostrará que es el digno ejemplo del espécimen más preciado de toda la Masía que se caracterizaba por vestir camisetas dos tallas más grandes que la suya, el homo organizadoris, que ya no vemos desde que Xavi, Iniesta o Cesc abandonasen la disciplina blaugrana. Ricard Puig metió movilidad, desparpajo, velocidad y ganas, a punto estuvo de marcar gol y aprovechó sus minutos como Dios o Leo manda.

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Como veréis a la mayoría de jugadores del Barça no me ha hecho falta nombrarlos porque directamente han jugado un partido plano o da hasta vergüenza referirse a su actuación. Necesitamos a todos ellos durante estos nueve partidos que restan. Nueve finales. Nueve victorias que hay que sacar a toda costa, por mucho que no apetezca jugar. Benditos Martes de cuarentena

 

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