Solo falta un poco de gomina.

Yo tenía la firme convicción de que el Barça era un equipo que no traicionaba nunca sus principios, que la pelota era algo innegociable, la posesión un mantra y un partido de los culés era la antítesis del aburrimiento. Os juro, que más allá de resultados, he disfrutado mucho de este equipo que ahora no es más que una caricatura y que corre peligro de convertirse en un cementerio de elefantes. El equipo de Setién, juega a no perder, a no arriesgar, a no desbordar, a no llegar al espacio, a no improvisar… En definitiva, juega a no jugar. Así es imposible ganar esta Liga, ni ninguna, porque cuando basas todo en ser pragmático y no tienes la suerte de cara no te queda nada. Si no hay un gol, detrás no hay nada a lo que agarrarse. En estos cuatro partidos se han sumado diez puntos, como se podían haber sumado cinco, tres, o ninguno. El Barça es un equipo vacío, plano y absurdo. La única solución a este problema es confiar en los que tanto vejas y los que al final te sacan del apuro porque sienten que el Barça corre por sus venas, Setién le ha dado cuarenta minutos a un noi de Matadepera que ha tenido la desfachatez de hacer suyo el esférico y recordarnos porque todavía seguimos amando estos colores. A todo aquel que todavía se burle de la Masía, basta con enseñarle la segunda parte de este partido para que comprenda la trascendencia que puede llegar a tener un niño que ha mamado la filosofía del club desde pequeño. Que lleva en los genes algo que es imposible de comprar y, que como ya demostraron los Xavi, Iniesta, Messi o Cesc, nunca te va a fallar aunque tú les desprecies en un primer momento. Riqui Puig ha salido en el minuto 55 de partido en medio de un panorama desolador y, riéndose de todos los que todavía le dan alguna importancia al físico, ha dado una lección de barcelonismo a todos. Ojalá el partido se hubiese jugado con público, porque este chico hoy se merecía una ovación cerrada de todo el Camp Nou puesto en pie.

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Setién dispuso a la que, sobre el papel, todos podíamos pensar que es la alineación más fuerte de entre todas las que podía elegir sin contar con el lesionado De Jong. Para ser sincero, los primeros minutos me han gustado bastante ya que he visto que por lo menos el equipo transmitía más movilidad. Todo ha sido un espejismo, ya que el encuentro ha estado en todo momento en el lugar que deseaba un ordenado Athletic. El equipo de Garitano, reservando varios titulares, siempre ha sabido a lo que jugaba. Cerrando dos líneas muy juntas en la frontal, para que el Barça provocase bostezos tocando de lado a lado hasta que los leones robaban y buscaban a su pantera. Si algo puedo destacar en este partido y en los que se han jugado tras el parón, es que parece ser que la defensa culé está más atenta y han conseguido blindar la portería de Ter Stegen. La primera parte ha sido pues un cúmulo de catastróficas desdichas de los jugadores blaugranas, algunos mantenían una apatía tremenda, otros como Luis Suárez pretendían hacer continuamente las mismas jugadas que llevan haciendo un lustro y que quizás le den para meter cinco o seis goles en la MLS, o directamente otros como Antoine Griezmann se dejaban en alma en el césped para ser insultado cada vez que sus compañeros preferían cualquier otra opción antes que pasarle el balón. Mención aparte me merece lo del francés, no puedo llegar a entender como se critica a uno de los mejores jugadores del mundo que pone todo de su parte y que parece invisible. Yo, inconscientemente, lo doy ya por perdido y la rabia del “lo que podría haber sido” me consume. Ojalá aguante los desprecios, porque en este Barça tan vulgar es totalmente imprescindible. Así estaba el tema cuando el árbitro decidió poner fin a nuestro sufrimiento y señalar el camino a los vestuarios.

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El equipo estaba en una situación mucho más peligrosa de lo que parecía en el campo, la más clara de la reanudación la tuvo Antoine que no fue capaz de sortear la salida de Unai Simón quien es el mejor portero de este campeonato tranquilamente. Con el cabreo de los aficionados y los murmullos o críticas que pasaban de nuestras cabezas al Twitter, salió Riqui Puig con el “28” a la espalda y todo comenzó a fluir. Imprimió una intensidad bestial a cada acción, obligando a sus compañeros a correr más por vergüenza torera y además comenzó a saltar líneas de pase trenzando jugadas con una personalidad que le quedaba más grande que la camiseta que portaba. Hasta Leo Messi pareció buscarle, quiso ser su socio y más de una vez lo miro creyendo que estaba viendo a un fantasma que abusaba de la gomina y manejaba al equipo a su antojo. Porque lo único que le ha faltado en este partido a Riqui Puig para parecerse todavía más a Xavi Hernández, ha sido la gomina. Suplico que le den un bote de Giorgi en el vestuario y el dorsal “8” para que volvamos a engancharnos a esto.

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Todavía con 0-0 llegaron los cambios de Rakitic y Ansu Fati, por Arthur y Griezmann. A esas alturas de partido todavía estaban en el terreno de juego Luis Suárez y Arturo Vidal, porque se ve que no hemos soportado suficiente cobardía ya con Ernesto Valverde. El Barça se volcó y en una jugada trastabillada, el balón cayó a los pies de Rakitic que fusiló a Unai Simón y dio aire a un equipo que irremediablemente está destinado a ahogarse más pronto que tarde. En el último tramo del encuentro Ansu Fati ensanchó el campo y encaró como todavía no se había atrevido nadie a hacerlo, mientras que Riqui Puig seguía pidiendo el balón como si estuviese jugando los últimos minutos de su vida. Dos críos contra todo un Athletic de Bilbao que bien mereció el empate tras realizar un gran partido. Un par de chicos que deben ser titulares desde este mismo momento, ya sea en Vigo, en Madrid, o en Plutón, porque yo con estos me voy donde haga falta.

Con Riqui Puig, el Barça podrá ganar, empatar o perder, pero se que no me va a traicionar. Porque para mí es todo lo que está bien en esta institución, para mí Riqui Puig es Fútbol, es Club y es Barcelona.

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