El bueno, el feo y el malo.

«El mundo se divide en dos categorías, Tuco: los que cavan y los que encañonan. Como la pistola la tengo yo, ya puedes ir agarrando la pala.»

La imagen de Setién con las manos en la cabeza y despatarrado de mala manera mientras asistía, con la misma cara de acelga que puede poner mi padre mientras contempla la misma película de vaqueros en Castilla-La Mancha Televisión por decimonovena vez, es el reflejo perfecto de lo que transmite este Barça actual a todos los culés que anoche se sentaron delante del televisor con la ilusión de presenciar algo que a los tres minutos de juego ya quedó claro que no iban a ver. No es que lo de Villarreal fuese un espejismo, simplemente es que en la Cerámica el rival concedió una infinidad de espacios que la mayoría de equipos ni se plantea dar. El quid de la cuestión es no realizar un juego pastoso con rivales que van a meter el bus atrás y te van a salir a la contra, la clave es no ocupar los espacios sino llegar a ellos. Si los huecos no existen se deben fabricar, encarando, arriesgando con el pase y presionando tras pérdida para robar la bola al rival saliendo en posiciones adelantadas. Pasarse el balón de una banda a otra como si de un ataque estático de balonmano se tratase es como no hacer absolutamente nada, ya que al rival le das la sensación de tener menos argumentos que Sergio Ramos en un simposio sobre física molecular y a los barcelonistas se les va generando un “váyanse a la puta mierda” en la boca que se escupe antes de llegar al descanso.

El once titular me dejó sensaciones encontradas, por una parte me gustó que Sergi Roberto repitiese en el medio a pesar de que esa posibilidad nos obligue a tragarnos a Semedo con patatas; por otra, odio que Rakitic sea una de las primeras opciones como interiores que tiene Setién ya que habla de lo poco que iba a arriesgar en un partido en el que necesitabas marcar pronto el primero para generar espacios. El técnico cántabro es un tipo que nos ha engañado, a él mismo el primero, ya que vino con un discurso valiente y se va a ir por la puerta de atrás que es la única condena adecuada para los cobardes que se decantan por la decisión más fácil. Que anoche Luis Suárez jugase 80 minutos de partido es un insulto para todos los culés, como lo es retirar a Antoine Griezmann para meter a Arturo Vidal y sacar a un central por un centro campista para acabar achicando balones contra uno de los máximo rivales que ya estaba descendido de categoría. Si Quique Setién entendiera la filosofía del club y a su afición, habría metido en el campo a Riqui Puig para defenderse de los ataques pericos con la posesión del balón. “Si yo tengo el esférico, mi rival no lo tiene”. Prefiero arriesgar a dejarme puntos en el camino tomando esa decisión con el “28”, que ganar el partido de esta manera tan infame e indigna. Bochornoso.

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Lo mejor de la primera mitad fue que todavía paladeaba el recuerdo de ver llegar al estadio a Gerard Piqué con una bicicleta como si se tratase del niño de E.T., aprovecho esta anécdota para dejar claro que para mí es el mejor central de la historia de este club y que es un tipo especial ya que en estos partidos tan decisivos siempre suele ser uno de los jugadores más destacados del encuentro por lo que me daría exactamente igual que al próximo partido llegase directamente en un unicornio con el pelaje de arco iris. El famoso rombo que tanto funcionó en Villarreal, vimos muy pronto que no tenía efectividad frente a este Espanyol que tenía las cosas meridianamente claras. Tienes que jugar de manera excelsa para no tener en cuenta el partido que te plantee el rival y no modificar tu plan, si juegas de manera mediocre como es el caso que nos ocupa tienes que adaptarte a lo que el adversario te proponga. Un entrenador intervencionista, habría bajado a la media hora a Sergi al lateral y metido a Riqui Puig en el medio para luego cambiar a Ansu Fati por Luis Suárez. Quique Setién no, él se limitaba a mirar al infinito pensando quizás como se encontrará a su ternera Felipa cuando vuelva a los montes de Santander. Los pericos tuvieron las más claras de la primera mitad, de no ser por el poste y la prodigiosa actuación de Marc André Ter Stegen o las perfectas correcciones de Lenglet se habrían ido por delante al descanso. Las únicas notas positivas en el ataque culé las aportaba Grizou que no paraba de moverse con tremenda inteligencia y de filtrar pases que sus compañeros no llegaron a aprovechar, cada jugada que pasa por sus botas adopta al instante tintes de highlight.

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Ansu entró en la reanudación por Nelson Semedo, por lo que el dibujo quedó modificado durante tres minutos que fueron los que tardó el joven extremo de la Masía en ser expulsado. Roja clara y torpeza monumental que amenazó con dejar al equipo todavía más expuesto, algo que evitó Lozano que también se expulsó en la siguiente jugada. Con ambos equipos jugando con diez jugadores, llegaron los espacios y los culés olieron la sangre perica. El único gol del encuentro llegó tras un pase de Jordi Alba a Griezmann, el francés dibujó un desmarqué perfecto y dejó la pelota con un elegante taconazo a Leo Messi para que Luis Suárez cazase el rechace. De esta jugada me gustaría destacar el escorzo de Antoine, que nada tiene que envidiar en elegancia y plasticidad al que realiza el primer bailarín del Ballet de Moscú, y el abrazo en el que se fundieron Leo y el propio Grizou señal inequívoca de que el astro argentino sabe a que ascua debe arrimarse si quiere hacer algo más que el ridículo en la única competición que queda por disputar.

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Suárez, quizás con la bula de marcar otro gol que tapará carencias infinitas, se dedicó a perder balones y a cojear por el campo con esa barba gris que delata al estupendo delantero de la MLS que podría estar siendo. Setién decidió, ante la calma y la poca intensidad que imperaban en esta segunda mitad por los cojones, meter a Arturo Vidal. Algo que dio alas a los periquitos, quienes atrincheraron a los culés por corazón y por juego de Raúl de Tomás que es un excelente pelotero que no merece disputar ni un solo segundo en la división de plata. El partido acabó con el equipo pidiendo la hora y el Espanyol descendido a Segunda División tras veintisiete temporadas seguidas en la máxima categoría. En este texto no encontraréis mofas a un equipo que no mereció perder el encuentro de anoche y que por momentos no parecía ser el equipo de Barcelona que iba a perder la categoría.

Otro partido horroroso del Barça con el que gana tres puntos y pierde identidad. Si nuestro entrenador no ha entendido todavía nada las victorias, como los goles de Luis Suárez, son contraproducentes. Si nada cambia, como parece, agarren la pala que viene el Nápoli.

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