El crupier y la mamba.

Según la RAE, el crupier es una persona contratada por un casino que se encarga de dirigir el juego, repartir las cartas y controlar las apuestas. Si cambiásemos la palabra “cartas” por “balones” y “apuestas” por “jugadas”, tendríamos la definición perfecta de Ricard Puig Martí. Por el contrario, a la hora de intentar encuadrar o definir a Ansu Fati hay que buscar algo más letal, más indómito y caótico. La más venenosa de las cobras, la Mamba Negra que puede llegar a alcanzar unas velocidades de vértigo y cuyo ataque impacta de lleno en el sistema nervioso, una sacudida que siempre es mortal, si esta hija de puta te pilla estás muerto, como cualquier lateral al que emparejan con el joven extremo natural de Guinea Bissau. Orden y caos. Antídoto y veneno. Pausa y Vértigo. Riqui Puig y Ansu Fati. 

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Eso es la Masía, una estructura que pese a renegar hasta la saciedad de ella y pretender borrarla del mapa, como se están empeñando en hacer los que toman las decisiones importantes en el club, siempre acude en auxilio del primer equipo justo en el momento en el que está tocando fondo. Durante esta penosa temporada, con la Champions League todavía por jugar, hemos estado a un paso de perder hasta la identidad. El tener entre nuestras filas a Leo Messi, nos ha ayudado a agarrarnos a la cordura y a pensar que todo era posible a pesar de que jornada tras jornada íbamos recibiendo un palo tras otro, cada semana la hostia de realidad superaba a la anterior hasta llegar a Pucela, escenario en el que algunos jugadores pisotearon un escudo que no merecen volver a defender. En el José Zorrilla, precisamente, un crío llamado Xavi Hernández con su peinado de Primera Comunión salvó de la quema a todo un Louis Van Gaal justo cuando todo parecía perdido. Como Andrés, quién se encargo de ayudar al Barça a ganar la deseada Champions en París en su segunda temporada. O Puyol, que también hizo su debut en Pucela y que tuvo el valor de capitanear a un Barça mediocre que se zarandeaba por las competiciones con la única aspiración de ganarle los dos partidos de la temporada al Real Madrid. Todos estos jugadores que mamaron la Masía y fueron utilizados más por ser la última bala que por el valor de un entrenador que confiase en ellos, son los que han salvado al Barça en sus peores momentos y los que lo seguirán haciendo. Como han hecho Riqui Puig y Ansu Fati este fatídico año, que los culés ya no recordaremos tanto por ser el primero en más de una década que no se gana si no por ser el de la irrupción de los estandartes del club durante la próxima década.

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Riqui Puig nació en Matedepera hace casi 21 años, y durante toda su carrera ha tenido que escuchar como no tenía suficiente físico para triunfar en el Barça. Físico, sí. Esa mentira que aprovechan los representantes para colocar tuercebotas a lo largo y ancho de toda Europa. El órgano que más importa para realizar la práctica de este deporte, es el cerebro. Porque la clave es ser más rápido mentalmente que tu rival, es pensarlo antes que él lo ejecute, es tener la jugada antes que tu adversario en la cabeza porque así ya no existirá carrera o disputa que te pueda llegar a ganar. Riqui Puig es un superdotado leyendo partidos y posiciones, algo que además viste con una clase y elegancia superior a la media y que completa con un sacrificio en la presión que hace enrojecer a los más veteranos que le rodean. Se ha ganado la confianza de Leo Messi y ser bendecido por el argentino es prácticamente igual que ser bautizado por el Papa. Si él te busca, es porque sabe que lo encontrarás y son muy pocos los que tienen el don de la clarividencia. Debe mejorar muchos aspectos, pero observándole detenidamente siempre con una baba saliendo de la comisura de la boca estoy seguro de que absorberá todos los registros que el equipo necesite. Riqui Puig surgió de la necesidad y se ha afianzado en medio de la cochambre que ha sido a ratos durante este año el juego del Barça, ha dado dos asistencias en los poco más de quinientos minutos que ha disputado y además ha regalado infinidad de lecciones ha todos a los que escupían prejuicios por la boca. Debe llevar el “6” a la espalda la próxima temporada, ya que las ilusiones de todos los culés que creemos en el modelo ya ha demostrado que es capaz de cargarlas.

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Ansu Fati nos explotó en la cara a principio de temporada, debido a las lesiones y a la escasa planificación deportiva del club. Este niño quemaba etapas a una velocidad impropia, la de los elegidos que no respetan ninguna ley física del mundo de los mortales. No era filfa, no era el típico jugador habilidoso que regateaba rivales con una facilidad pasmosa, también era gol. La pólvora que Fati tiene en las botas y el peligro que destila en cada jugada son algo con lo que no se puede comerciar ya que no se puede aprender, se nace con ello. Mientras nos maldecíamos por la vigésimo novena recaída de Ousmane Dembélé e intentábamos reunir los pedazos del corazón que nos dejó roto Neymar, la joven Mamba destrozaba rivales a su paso en el carril zurdo. Europa también probó su veneno, todavía sin darnos tiempo a creer que en su DNI únicamente figuraban dieciséis años de edad. Su juego es más arriesgado que el de Riqui Puig, que no más difícil, por lo que no se pueden comparar. Ansu Fati brillará o permanecerá apagado en sus partidos, no hay existirán grises porque siempre la va a pedir, nunca se va a esconder. Los únicos que fallan son los que toman la responsabilidad, Ansu fallará pero acertará más. Esta temporada ha servido para darle oxígeno a su equipo a la vez que asfixiaba a sus rivales. Amplitud en ataque para los culés que se convertía en todo un oasis en medio del desierto estático. Durante la 20/21 su nombre debe aparecer bordado en letras doradas justo arriba del número “11”, el que le ha arrebatado a Dembélé y que por derecho le pertenece.

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Mientras escribo esto me froto los ojos incrédulo porque creo que realmente no llegan a ser conscientes del potencial que tiene el club y de lo que todavía viene por detrás, en mi mente está ese filial que puede subir a la Liga Smartbank con chavales que todavía son juveniles. Entrenado por García Pimienta, un fenómeno que conoce mucho mejor la casa que los que estuvieron a punto de no renovarle y que está presentando batalla sin sus tres mejores joyas. Vista la temporada de muchos jugadores del primer equipo, el club tiene una oportunidad perfecta para sembrar unos cimientos que duren años. Me avergüenza oír que la solución está en Kluivert ya que será nuestro nuevo Zidane. ¿Pero qué cojones pasa en este club? ¿En manos de quién hemos dejado el F. C. Barcelona para qué teniendo al mejor de la historia envidiemos a un técnico del montón? Después de la crisis social, económica y de juego por la que se atraviesa, solo cabe una solución y es repescar cedidos, darle continuidad a los estandartes de la Masía, probar a Pedri y a Trincao, combinando todo con las estrellas que merezcan ser llamadas así gracias a su esfuerzo y compromiso. El error es pensar que le debemos algo a Luis Suárez, que Jordi Alba es muy amigo de Leo Messi o que Arturo Vidal es necesario. Mentira. La única gran verdad reside en los jugadores que representan nuestros valores, que los tenemos, y que morirían por estos colores. A ellos nos debemos. Seny, pit i collons. 

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