Cabeza alta.

Tras el bochornoso espectáculo que nos ofreció el Barça en Pucela y el consiguiente cabreo que desató en mí semejante exhibición de miseria, fui el primero en solicitar que la escuadra de Gattuso nos impidiese llegar a Lisboa como fuese para evitar males mayores. Cobarde. Mucho. Lo admito. Pero me gustaría romper una lanza en mi favor. Para que se me entienda, a mí no me importa que el Bayern le meta cinco al Barça siempre y cuándo el equipo sea valiente o fiel a sus ideales. Mi miedo no es la derrota, mi temor es la debacle. Es perder, sí, lo poco que nos queda de algo que nos identifica con estos colores. La diferencia es abismal, porque en el caso de que el Barça se marche eliminado de Lisboa a las primeras de cambio mostrando identidad ayudaría a la afición a coger de la barbilla a nuestros jugadores y ayudarles a levantar las cabezas gachas que llevamos viendo desde Roma.

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Me cabrea el olor que me está dando la previa al encuentro de cuartos de final y no hablo precisamente de la prepotencia que destilan los bávaros, me refiero al blanqueamiento por parte de la prensa de una derrota que todavía no ha ocurrido y parece formar parte de todo el imaginario futbolístico. Uno de los diarios más importantes de Barcelona, filtraba hoy en portada que Setién medita sacar a cuatro medios y sacrificar a Griezmann. Blindar el centro del campo, pero jugar con dos jugadores menos en fase defensiva y no tener opción alguna de someter al rival en ataque. ¿Pero qué puta mierda es esto? Con perdón. Bueno no, perdón nos tienen que pedir los que quieren perpetrar esto. Hace tiempo que dejamos de ser ese equipo por el que los adversarios se devanaban los sesos y adaptaban sus esquemas para pararnos, pero no se puede pasar de ahí a asumir ya la derrota y plantear una alineación para que te metan los menos goles posibles. No quiero que viajen a Lisboa acomplejados. Porque ya se lo que viene después de los complejos, vienen las caras largas y los bloqueos. Los fantasmas de Roma y Anfield, entes a los que no hay que alimentar. Precisamente, creo que ni el Barça, ni Setién tienen nada que perder, porque ya lo han perdido todo. Saca a Riqui, mete a Ansu o a Dembélé con Antoine, deja la cobardía a un lado de una vez y vete con un buen sabor de boca del club al que tanto has engañado. Repito. Así no viajen, porque con esa mentalidad ya puedo redactar la crónica del partido y dejarla en borradores para sacarla este Viernes.

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A pesar de ello, ansío que el equipo gane y no creo que sea imposible que esto suceda. A un partido y con la columna vertebral formada por Ter Stegen-Piqué-De Jong-Leo, pocos me asustan. Lothar Matthäus cometió el error de subestimar a Messi, eso únicamente lo pueden hacer los necios o los que por endorsarle todos los años una goleada al Paderborn piensan que son los herederos de Beckenbauer. No hay nada peor que cabrear a Leo, que le pregunten a Boateng que todavía sueña en sus noches más oscuras con el temblor que provocó en el césped tras caer como una secuoya canadiense gracias a una gambeta del “10” culé. Otra época, otra vida, otro equipo… Sí, pero esos fantasmas nunca se disipan. Cada vez que Leo encare, Boateng volverá a oír ese ruido. BUM. BUM. BUM. Fuera. La clave es jugar con sus miedos, aumentarlos, llevarlos al extremo y sacarlos de quicio. Que se confíen, pero solo porque el Barça lo permita. Si el equipo blaugrana no puede alcanzar niveles de juego de antaño, su objetivo debe ser mermar la máquina alemana. No hablo a nivel físico, hablo de destrozarlos psicológicamente. Que Ter Stegen mire a Neuer a los ojos para que este último sepa a ciencia cierta que está secuestrando la titularidad del arco teutón y le empiecen a temblar las manos, no mucho, lo justo para que comiencen las dudas. Piqué puede secar perfectamente a Lewandowski, Gerard siempre se ha erguido como Mariscal en las grandes noches y no dudo de su labor. En el medio, la bola debe volar. Sergio y Frenkie deben flagelarse cada vez que den más de dos toques a la pelota, las transiciones deben ser veloces y para ello lo idóneo es que Riqui Puig sea el tercer hombre, pero nos tendremos que conformar con que Arturo Vidal sea el cuarto mono. Arriba lo suyo sería que el Dembo nos calle la boca y nos vuelva a mostrar que juega con botas aladas, Grizzou debe morir presionando y Leo tiene que hacer lo que mejor sabe. Dejarnos con la boca abierta.

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Es muy fácil, hablar y criticar como estoy haciendo yo en estos momentos. Porque yo no voy a tener que decirle a Suárez que ya no está para jugar más de veinte minutos, o coger del hombro a Vidal y hacerle ver que pinta lo mismo en este club que un cantante de trash metal en la filarmónica de Berlín… Yo no le pido a Quique Setién que rompa con todo y se vuelva loco, porque se que no lo va a hacer, únicamente le exijo que haga una retrospección interna y deje la cobardía a un lado. Que no ponga la alineación que los culés deseamos, pero que tampoco nos lo arrebate todo. Si no podemos evitar que las barbillas toquen el suelo, al menos que nos quede el orgullo de querer alzarlas.

 

 

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