Obituario.

“Sobre todo, nunca le pareció legítimo que la vida se sirviera de tantas casualidades prohibidas a la literatura, para que se cumpliera sin tropiezos una muerte tan anunciada.”

Este texto no es una crónica del Barça-Bayern, es la crónica de una muerte anunciada. Una historia de decadencia que comenzó en Roma y acabó, o eso creo porque no se puede caer más bajo, en Lisboa. No encontrarán fotos, análisis de goles o jugadas adornadas con lírica, porque en las esquelas únicamente se recoge dolor.  El encuentro fue una auténtica noche de cuchillos largos para el Barça, de cabezas gachas y de barbillas apoyadas en pechos fríos como el hielo. Ningún jugador de los que pisó el verde esa infausta noche, merecía vestir la camiseta que llevaba y manchó de vergüenza. Yo, como tantos otros culés a lo largo del planeta, apretaba los dientes con cada gol bávaro mientras oía amortiguadas las risas que venían de la calle y todavía resuenan en mi cabeza. Cada vez que el Bayern perforaba la meta de Ter Stegen sin piedad alguna, sentía morir un poquito más la fe en jugadores que se comportaron como mercenarios. Luego llegó el pitido final y en mi mente me imaginé asomando la cabeza de entre las mantas asustado y preguntando a nadie en particular si ya se habían ido los gigantones alemanes. El nivel de vergüenza que sentía era tal, que hasta llegué a dudar de Leo Messi por primera vez en mi vida. Tras observar como el astro argentino se escondía en una esquina del campo resguardándose de la tormenta perfecta alemana, algo en mi cabeza sonó como un cristal rompiéndose justo cuando caí en la cuenta de que era humano y que ni tan siquiera él nos podía salvar de semejante derrumbe. El enfado y la decepción hacía un líder que no se comportó como tal, fue tan inmenso que me llegué a preguntar si la reconstrucción de este equipo se podría dar con Leo o solo comenzaría cuando el rosarino nos abandonase al fin.

48 horas después y con el cadáver todavía caliente, me doy cuenta de que el culpable de toda esta situación es Josep María Bartomeu. El peor presidente de la historia culé, ha ido deshaciéndose poco a poco de todo aquello que me hacía sentir orgulloso en este club hasta llegar a la noche de autos en la que dudé hasta del propio fútbol ya que renegué de Leo Messi. La ansiada reconstrucción únicamente llegará cuándo este “señor” y todos sus secuaces abandonen la institución, el cambio de entrenador o la marcha de no menos de una decena de jugadores no debe ser la única solución. De poco o nada servirá realizar cambios siempre y cuando estén orquestados por esta junta directiva, la temporada próxima que arranca en menos de un mes se convertirá en una superposición de sombras y engaños que servirá para seguir adormeciéndonos. Las elecciones son la única vía de escape tras este monumental fiasco, que no es un hecho puntual como nos quieren hacer creer sino el desenlace de una historia triste y decadente que comenzó a fraguarse con decisiones deportivas que en su momento considerábamos nimias como el cambio de Dani Alves por Aleix Vidal. Los árboles no nos dejaban ver el bosque, hasta que los alemanes los hicieron arder. Al final, los culés tendríamos que dar las gracias porque gracias a estos ocho goles o puñaladas se producirán cambios aunque sean mínimos. Cuando estás en shock, lo mejor es una buena hostia que te ayude a situarte en la realidad por muy cruel que ésta sea. Lo peor que le podría haber pasado al Fútbol Club Barcelona habría sido ganar esta Champions League, ya que todas las miserias de este equipo hubieran vuelto a quedar olvidadas.

El futuro a corto plazo es negro, como la camiseta que vestirán los jugadores la próxima campaña y que reflejará a la perfección el luto que guardarán tras la muerte de su fútbol. Como he comentado en anteriores líneas, muchos deben marcharse aunque eso no significa que todos ellos lo hagan por la puerta de atrás. Jordi Alba, Luis Suárez, Arturo Vidal, Iván Rakitic, son algunos de los miembros de este equipo que deben dejar sus dorsales libres de cara a la próxima temporada. Estos días venideros comprobaremos si algunos de los jugadores del Barça aman de verdad estos colores y tienen el suficiente valor como para dar el paso al lado que necesitan tanto el club como ellos mismos. Me temo que en Can Barça veremos mucho egoísmo y poco respeto durante las jornadas que se avecinan. Si de verdad se pretende que esta temporada puente hasta las elecciones sea lo menos dolorosa posible, se debe complementar esta limpieza necesaria con confiar en la gente de casa que nunca falla y a la que se le escapen lágrimas en los ojos tras recordar este batacazo en Lisboa.

Como escribiría mi admirado Gabriel García Márquez en “Crónica de una muerte anunciada, mi opinión personal es que el equipo murió sin entender su propia muerte. Ojalá algún día lleguen a comprenderla, y solo espero que ese proceso de aprendizaje no sea tan largo como para que los culés olvidemos todo lo que amamos de este maravilloso club.

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