Nacidos de la tormenta.

Balaídos es una de esas salidas marcadas con una X roja en el calendario, una visita incómoda en la que te suelen sacar puntos y vergüenzas a puntos iguales. Muchos pensábamos que al Barça de Koeman esta piedra de toque le había llegado demasiado pronto y haría peligrar un proyecto prácticamente nonato, esta sensación fue más acuciante tras ver que los culés tendrían que luchar contra un tremendo equipazo, como es el de Óscar, además de con los elementos. Aire, frío, lluvia y la rapidez del brazo del señor Del Cerro Grande. El poder de tus enemigos es en cierta medida el que tú mismo les permites crearse, anoche el Barça no dio opción alguna y cuantas más adversidades afloraban en medio del vendaval gallego con más ahínco las enfrentó el equipo. Sí, el EQUIPO. Algo que se le caía en estas ocasiones a un señor cántabro de cuyo nombre no quiero acordarme.

El Celta-Barça de anoche sirvió para que los culés volviésemos a ilusionarnos, porque observamos como la ilusión se mezclaba con la veteranía. Vimos como todos los jugadores se movían a una, sabiendo cada uno de ellos exactamente lo que tenía que hacer. Futbolistas muertos que ahora viven una segunda juventud convivían con otros que ni siquiera habían podido nacer en clave Barça. Todo eso giraba en torno a una idea definida y la tranquilidad de tener un plan, aunque pueda salir mal, es algo que hacía tiempo que no existía. El máximo culpable de que en un mes el Barça haya olvidado en parte la tremenda humillación sufrida a manos del gigante de Múnich, la tiene ese holandés en el que muy pocos creían y que ha venido con las ideas muy claras. Si el equipo sigue así y consigue pulir flecos ayudado por los pocos días de mercado de fichajes que restan, es posible que a Koeman se le deje de recordar por la falta de Wembley.

La primera nota positiva de la tarde-noche fue la alineación. No por ningún jugador en concreto, sino por todos ellos. El holandés lleva tres partidos seguidos repitiendo once, gracias a lo cual hemos conseguido tener un equipo reconocible y que no deambula buscando una idea de juego. Los mismos cabrones de siempre de inicio y meter las variantes según te vaya pidiendo el partido, no inventar sistemas y poner en el césped a jugadores con los que no cuentas porque al final acabas perdiendo la credibilidad que ansías. Diez minutos tardó Ansu Fati en volver a dejarnos con la boca abierta, diez. Tras un pase entre líneas de Coutinho, el adolescente realizó un control orientado con el que se deshizo del defensa para colocar el balón en la cepa del poste con el exterior de su bota. Huyo de comparaciones, porque quizás sus movimientos nos recuerden a Eto’o, Romario o Ronaldo, pero él no es ninguno de ellos ya que pronto se les comparará a ellos con el propio Fati. Él es una realidad. Él es letal. Él es Ansu Fati. Él es la Mamba Negra.

La solidez y la presión alta del Barça tras el primer gol, hicieron que el Celta no se lo creyera demasiado y sus intentonas por darle la vuelta al partido carecieran de ese filo y rapidez necesario para superar el trauma del gol en contra. Todo parecía bajo control, hasta que al borde del descanso Lenglet fue expulsado. Para mí, es tan cierto que es muy fácil expulsar a Lenglet como que llevando amarilla el jugador tiene que ser un poco más inteligente y no poner la segunda tarjeta en bandeja a un colegiado que se moría por expulsar a un jugador culé. Tras este contratiempo y lejos de venirse abajo, el equipo se recompuso. Koeman metió a Araujo, ese central que porta número de canterano y galones de veterano, por Antoine Griezmann que fue el peor de los jugadores de arriba. El cambio era lógico nada más que por esquema y por eliminación, en la Biblia de cada entrenador dice que tras una expulsión hay que sacrificar al punta por un central. Yo confío en el Principito porque además de ser un súperclase, va a trabajar como el que más y es cuestión de tiempo que la pelota le empiece a entrar. Lo malo es que parte de la afición ya contempla un Erasmus del francés en Múnich, para que nos lo devuelvan el año próximo con un 5% más de masa muscular y el pelo corto.

Con la segunda parte arreció la tormenta que caía sobre el feudo vigués, algo que daba más epicidad a la más que posible remontada del cuadro gallego. Más que posible, digo, porque el 90% de los culés pensábamos que el equipo se iba a caer. Eso es lo que nos queda de Roma, Liverpool y Lisboa, el miedo metido en lo más profundo de nuestros huesos y la facilidad para que los fantasmas afloren al más mínimo contratiempo. Sorprendentemente, se pudo comprobar nada más reaundarse el juego que éramos nosotros los que buscábamos el segundo gol. Yo no me lo podía creer, veía a diez tipos vestidos de negro en inferioridad que parecían superar en número al conjunto gallego. Si hasta la equipación que nos parecía de luto a principio de temporada, ahora nos quedaba como un elegante esmoquin… Físico, hambre y una idea.

En el minuto 50, el mejor jugador de la historia realizó una de sus diabólicas jugadas individuales y con la ayuda del defensa amplió la ventaja en el luminoso. Fue el gol y la manera en la que lo celebró. Eufórico. Comprometido. Feliz. Volviendo a creer. Contemplando esa celebración, caí en la cuenta de que no estaba preparado para ver a Messi con otra camiseta y mira que estuvo cerca… Los culés siguieron atacando, porque para los valientes la mejor defensa es precisamente eso, un buen ataque. Ansu, Coutinho y Leo, ayudados por las internadas del Jordi Alba de 2015 con menos pelo, manejaban a su antojo la zona tan cabrona que es la que se genera en la espalda de los mediocampistas. Al perder la pelota, el equipo se parapetaba en un 4-4-1. Messi dejándose la vida arriba y dos bloques sólidos abajo. Ayer con uno menos defendimos con diez, este resultado con Luis Suárez en el campo se habría defendido con nueve de ahí lo necesario de su marcha.

El Celta apretó los últimos diez minutos, porque tienen un equipazo de muchos quilates y el cansancio hacía mella en los guerreros de Koeman. Cuando el campo se volcó en el área del Barça, el entrenador culé no sacó de refresco a jugadores veteranos y defensivos. Sacó a relucir su valentía y metió a Pedri y a Trincao en el ojo del huracán. Si tu me golpeas, yo te doy más fuerte. Si tu me atacas, yo te meto velocidad. A poco que el equipo hubiese definido mejor sus contras, el resultado habría sido más amplio ya que las cabalgadas de Trincao y el juego a dos toques de Pedri facilitaban mucho las salidas del equipo blaugrana. Fue en la última jugada y después de un esfuerzo titánico en defensa, dos partidos con la portería a cero, Leo Messi se desembarazó con un cambio de ritmo de dos defensas ¡¡¡minuto 95!!! y el rechace lo cogió Sergi Roberto para matar el encuentro con un voleón tremendo que impactó en la red celeste.

El Barça lleva dos jornadas disputadas en las que ha conseguido convertir siete goles y dejar la puerta a cero, ha conseguido que los veteranos parezcan canteranos y las jóvenes promesas jugadores consagrados, y se ha quitado la losa de la Messidependencia. Ahora son un EQUIPO en el que se integra el astro argentino, el objetivo es acompañarlo de la mano a un retiro dorado y no cargarle jugadores al cuello para que lo alcance. Todavía es pronto, pero anoche en un auténtico bastión de tormentas el Fútbol Club Barcelona volvió a renacer como equipo.

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