La última mierda que cagó Pilatos.

Hace ya la friolera de doce años, Manolo Preciado, uno de los protagonistas habituales de aquel fútbol que tanto amábamos, realizó unas declaraciones post-partido que siempre recordaré y guardaré como un tesoro ya que en una simple frase resumió varios de los valores que en los días que corren cada vez se pierden a más velocidad. La sentencia que pronunció el querido técnico del eterno mostacho pudo sonar a bufa en su momento, pero a mí me quedó marcada. Tanto, que en alguna ocasión ha aparecido entre las líneas de este blog porque nunca pasa de moda. “Ni ahora somos el Leverkusen, ni antes éramos la última mierda que cagó Pilatos”, soltó el cántabro después de vencer de manera abultada al Deportivo de la Coruña a domicilio. Lo dijo cuando un periodista le preguntó por el estado de euforia que vivía el equipo, Manolo pronto puso los pies en la tierra y le contestó que nada de euforias ya que estaban a un partido del descenso. Fijaos si era humilde el tío, que no comparó a su Sporting con la Brasil de los ’70, el se conformaba con el Bayer Leverkusen. Genio. En esa frase, se puede ver perfectamente la inteligencia de un tipo que huye de excusas y que afronta la realidad tal y como viene. La prensa y la mayoría de aficionados que consumimos contenido deportivo, busca resucitar y matar proyectos a la mínima porque el morbo y el cambio es lo que trae retweets, likes, seguidores o dinero. Lo que ayer era una mierda, hoy es un diamante y mañana volverá a ser basura. Si a mi como simple aficionado, me indigna la ligereza y el resultadismo del pueblo, no quiero ni pensar a los propios protagonistas como les debe sentar. Estamos a día 26 de Octubre, la temporada apenas está comenzando a dar sus primeros pasos y debemos ser pacientes y dejar trabajar a los profesionales de este deporte. Autocrítica, aprender de los errores e intentar subsanarlos.

A mí, personalmente, el Barça de Koeman me inspira mucha curiosidad, tengo ganas de ver los partidos de mi equipo y de presenciar el nacimiento de varios jugadores sobre los que se escribirán miles y miles de páginas gloriosas. No podemos pedirle resultados a nadie si juzgamos o analizamos al jugador cada 90 minutos, no tenemos derecho a vilipendiar a nadie por un fallo en cualquier jugada, como tampoco de elevarlo a los altares si marca un golazo al partido siguiente. La clave del éxito es el trabajo, porque es lo único que te garantiza los resultados que llegarán. El error y la vergüenza es excusarse en los fallos arbitrales, porque siempre van a existir y son los factores externos los que no deben preocupar porque no se podrán controlar. Menos portadas hablando de la familia madridista de un árbitro y más análisis, pocas veces he sentido tanta vergüenza ajena como esta mañana al ver las primeras páginas de los principales periódicos catalanes. ¿No nos damos cuenta de que con esas actitudes realmente nos alejamos cada vez más de nuestro objetivo? Pensaba que eran cosas que únicamente ocurrían de puertas hacia fuera, pero mi decepción ha ido a más tras ver las últimas declaraciones de Ronald Koeman criticando las decisiones arbitrales. Un poco de amor propio joder, al Barça de hace unos años no le importaban los errores o aciertos del trencilla porque únicamente podrían suponer reducir la ventaja en el marcador final y no que el equipo se cayese. El Clásico me dejó muchas esperanzas, entre otras la irrupción de Dest en el lateral o la confirmación de Ansu Fati, pero también se debe trabajar en el esquema y recuperar a jugadores que nunca se han desconectado porque quizás nunca se han llegado a sentir parte de este equipo. También se le debe recordar a Leo Messi que por muy dolido que esté, en cada encuentro lleva algo apretándole el brazo izquierdo y es el brazalete de capitán de uno de los clubes más grandes de la historia de este deporte. Antes que él lo han llevado muchas leyendas y lo mínimo que le pido es que siga dignificándolo como lo hacía antaño, ya no lo digo por las ocasiones falladas, ni siquiera por las veces que se desconecto del partido o por la mirada perdida y la cabeza gacha, si no por dejar que un chico de 19 años recién llegado se enfrentase a los micrófonos después de la derrota ante el eterno rival. Con esa actitud, mejor en Manchester donde el clima es tan gris como el aura que últimamente desprende el astro argentino.

Turín espera, una victoria dejaría muy encarrilada la clasificación a octavos y permitiría seguir creyendo a este equipo que todavía esta en fase embrionaria. Paciencia. Ilusión. Potenciar las certezas y olvidar de una vez por todas a las estrellas apagadas. Necesitaba escribirlo para dejar de pensarlo y quitármelo de encima, y reflejar la vergüenza que he sentido estos días tras la derrota ante un equipo mucho más hecho que el nuestro. Perder está permitido, la autocomplacencia y los lloros no. Cuando volvamos a ganar y la prensa nos regale los oídos entre fanfarrías y nos cuente los Balones de Oro que ganará Ansu Fati, la renovación de Leo Messi con el club de su vida o la clase de Pedri, únicamente echad la pelota al piso y no os dejéis llevar por la locura. Valoremos las victorias, pero también las derrotas. Apoyemos al equipo en los malos momentos y olvidemos al máximo rival en los buenos.

No somos la última mierda que cagó Pilatos, pero todavía podemos llegar al nivel del gran Bayer Leverkusen.

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