Kétchup y muertos vivientes.

No estoy enfadado por el partido del Barça en Mendizorroza, no puedo estarlo. Sí estoy descontento con algunas decisiones que tomo Ronald Koeman y sobre todo con el rendimiento de algunos jugadores que quedaron muy señalados anoche. Lo más positivo fue la reacción del equipo y del propio técnico en la segunda mitad, reacción que no habría hecho falta si no se hubiesen jugado 45 minutos por momentos bochornosos. Parecía que tras Turín, el equipo mantendría una estabilidad y los culés podríamos disfrutar más a menudo del juego que exhibió el equipo en casas de una Vieja Señora que no pudo hacer nada más que rendirse ante el descaro de jugadores que podían perfectamente ser sus bisnietos. En mi opinión, hubo dos diferencias claras entre el equipo que escuchó el Miércoles el himno de la Champions y el que anoche apareció en medio de la noche de Halloween (¿qué es Halloween?) vitoriana: Pedri y Pjanic.

El partido pudo ser otro desde el comienzo, si Ansu hubiese aprovechado un balón franco a la carrera que le puso Clement Lenglet con esa zurda que tan bien se adapta a las galopadas del reciente adulto Fati. Dijo Koeman en la previa que todavía le faltaba decidir mejor en los metros finales y tener más concentración en los momentos claves, quizás sea cierto, pero tampoco hay que matar al chico porque falle un mano a mano claro al principio de un encuentro que no se presuponía tan arduo. Más que nada porque la gran mayoría de los mortales, la noche que cumplen 18 años también suelen tomar malas decisiones, ya que muchos eligen el ron por delante de la ginebra. Bromas al margen, que sirven para poner en contexto la precocidad asombrosa la de la joven perla culé, el equipo tras esta clara ocasión se comenzó a atascar en la circulación y el Alavés comenzó a creer que podría hacer daño a la contra. Dembélé, puñal en Turín, se ahogaba en la banda de Mendizorroza. Sin metros y con poco espacio, es clave tomar decisiones correctas con una ejecución veloz. Al extremo galo le sobra velocidad y capacidad de ponerme nervioso, escogiendo siempre la peor opción posible de lo que pide la jugada y aderezando esos momentos con controles más propios de un jugador con piernas de madera. Si a esto le sumamos lo fallón que estuvo Griezmann en la punta de ataque, el momento de forma deleznable que atraviesa Sergio Busquets y al Messi más mortal que han visto mis ojos, pues nos sale el 0-0 que iluminaba el electrónico en la primera media hora de juego.

Como las desgracias nunca vienen solas y en Can Barça nos gusta celebrar como se merece la noche de Halloween, que pregunten por Getafe, Gerard Piqué y Neto se pusieron de acuerdo para darnos un susto. Un balón manso, derivó en una falta de entendimiento y el delantero del Alavés estuvo listo metiendo la punta de la bota para quedarse con la bola y marcar a puerta vacía. Creo que tanto el defensa como el arquero fueron responsables del desastre y no voy a darle más cuota a uno que otro, pero eso son fallos inaceptables en partidos de brega como el de anoche. El gol babazorro sirvió para desquiciar todavía más a un equipo que necesitaba el descanso como el comer, el pitido del árbitro señalando el túnel de vestuarios fue lo mejor que le pudo pasar a los muchachos de Koeman tras una primera mitad indigna del equipo que puede llegar a ser y todavía falta mucho para que sea.

Algo que elogio de Koeman, por eso todavía me lo creo, es su valentía e intervencionismo en los partidos. El holandés introdujo tres cambios en la segunda mitad, dándole la batuta del encuentro a Pjanic y Pedri, además de sacar a Trincao para que buscase ese movimiento de fuera hacia dentro. Estas variantes, provocaron algo muy interesante y arriesgado que creo que al técnico holandés le gusta bastante. Frenkie De Jong pasó a ser central y he de decir que me gusto mucho más su partido en esa zona, ya que no tuvo muchas exigencias defensivas porque el rival se hizo hermético y además tiene más recorrido para romper líneas desde atrás. Creo que es una gran opción para partidos que se atascan, no meter más delanteros sino sanear desde atrás y sacarla jugando limpia. En el minuto 45:01 quedó claro que el Barça era otro, que Pjanic no puede salir del XI titular y que Pedri va a ser uno de los mejores jugadores de la historia de este club a poco que le vayan bien las cosas. Tras quince minutos de acoso culé, el Alavés se quedo con diez por dos merecidas tarjetas amarillas mostradas a Jota. Tras esta expulsión, el equipo se volcó más en el área de un gigante llamado Pacheco.

El empate llegó tras una jugada embarullada en la que el balón llegó a los pies de Antoine Griezmann, esos pies que en las situaciones más claras tienden a fallar y que en los momentos más exigidos se convierten en seda. Superó a Pacheco con un sutil toque de su real zurda y suspiró aliviado porque necesitaba ese gol, casi tanto como el Barça. Ojalá ocurra lo que decía Ruud Van Nistelrooy sobre el momento en que aprietas un bote de ketchup y que este gol no se quede en uno de esos sobres del McDonalds resecos que no te dan nada por mucho que lo estrujas buscando una gota de salsa de tomate. Prácticamente en la siguiente jugada, Leo Messi volvió a demostrar que todavía no está y veremos si se le espera. Es cierto que Pacheco sacó una mano privilegiada, pero esas el astro argentino no las puede fallar. El encuentro fue muriendo entre saques de esquina y los lamentos que llegaban por parte de los culés que veían como volaban otros dos puntos del casillero. Leo escenificó el archiconocido famoso de Edvard Munch en numerosas ocasiones y al final se tuvo más corazón que claridad en los metros finales. Algo que la verdad agradezco, ya que hasta hace poco no teníamos ni corazón, ni cabeza, vagando por los campos de Europa como una burda representación de los malos de los coprotagonistas del Mago de Oz.

Cuarenta y cinco minutos de Pedri no fueron suficientes para que el Barça se llevase la victoria de Mendizorroza, pero solo uno de ellos bastó para que nos diésemos cuenta de que estamos ante una de esas certezas que aparecen cada muchos años. Su despliegue tanto técnico como físico me dejó con la boca abierta en innumerables ocasiones, por eso es imposible que esté cabreado con el empate de anoche ya que estoy totalmente convencido de que este proyecto va a salir adelante con o sin Leo Messi. Algo que cada día que pasa me va importando menos. En Noviembre, la única competición en la que te puedes quedar fuera es la Champions y en esa el Miércoles podemos acreditar el pase a la siguiente fase. Otros no pueden decir lo mismo.

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